Por qué darle «like» en Tinder a «to quisqui» no te beneficia

Autor: Miguel Ángel

Si hay algo que sabemos sobre el amor, es que las personas que no lo encuentran, en promedio, viven menos. Con las nuevas tecnologías y el ajetreo del día a día vamos dejando nuestras opciones de conocer gente en manos de las redes sociales y las aplicaciones. Las aplicaciones para ligar, se están convirtiendo en nuestro pan de cada día para conocer a nuevas personas. La más popular es sin ninguna duda Tinder, esa que todo el mundo a usado «una sola vez» para «probar».

Es probable que muchos no lo sepan pero hacer un uso inteligente de Tinder puede ayudarte no solo a conseguir más «matches» sino también a mejorar la calidad de los mismos. En Egoland Seducción también contamos con talleres online para enseñarte a trabajar mejor tu marca personal, tus fotos y cómo iniciar y mantener una conversación que te diferencie de los cientos de «competidores» que tienes en el ciberespacio. Parece que todo se limita al atractivo físico pero no siempre es así.

El primer paso es comprender que Tinder clasifica a los usuarios con un algoritmo bastante simple que solo tiene en cuenta  factores como la apariencia de las fotos y la ubicación. Todos sabemos que en la vida existen muchos más factores pero este será nuestro punto de partida. El segundo paso es entender que esto no significa que estés condenado, ya que años de investigación científica han confirmado que la atracción y el romance son hechos en ocasiones totalmente aleatorios y difíciles de predecir, ya que todos los seres humanos nos atraemos en mayor o menor medida unos y otros. El tercero, como no podía ser de otra manera, es que te apuntes a uno de nuestros talleres de ligar en internet

Los fundamentos del algoritmo de Tinder, un juego de ajedrez

Hace unos años, Tinder dejó que el reportero de Fast Company Austin Carr examinara su «clasificación interna secreta» y le explicaran cómo funcionaba el sistema. Esencialmente, la aplicación usaba un sistema de calificación de “ELO”, que es el mismo método utilizado para calcular los niveles de habilidad de los jugadores de ajedrez o los rankings de los jugadores de videojuegos electrónicos. Me explico en mejores términos, el “ELO” es un sistema de puntuación que te clasifica con una nota en función de tus “victorias y derrotas”, traducido al lenguaje de esta aplicación, se basa en los «me gusta», «matches» y conversaciones que tienes con otros usuarios. A mayor número de interacciones con otros usuarios, esta aplicación te recompensaba y te daba una mayor visibilidad con personas de tu mismo “ELO” para así pudieras emparejarte más. Por otra parte, Tinder te penalizaba con un “ELO” negativo, cuando deslizabas y dabas a like a todo perfil de usuario, junto con el no responder a otras personas en matches que hubieras tenido, penalizándote de forma que te restaba la visibilidad ante el resto de usuarios. 

Tinder presta servicios a personas con puntuaciones similares entre sí con más frecuencia, asumiendo que las personas de las que la gente tenía opiniones similares se encontrarían aproximadamente en el mismo nivel o “ELO” que tú, básicamente Tinder te puntúa con una nota, que luego utiliza para clasificarte y emparejarte con personas que se asimilaban a ti.

En marzo de 2019, Tinder sacó una publicación en su  blog (puedes verla pulsando AQUÍ) que explicaba que esta puntuación de “ELO” es agua pasada y está obsoleto, palideciendo en comparación con su nueva «tecnología de vanguardia». Lo que vienen a decirnos es que el puntaje de “ELO” evolucionó una vez que Tinder tuvo suficientes usuarios para predecir quién le gustaría a quién, basándose únicamente en las formas en que los usuarios seleccionan muchos de los mismos perfiles. La forma de comportarse de un usuario puede predecir el de otro, sin clasificar a las personas de manera explícitamente competitiva con una puntuación cerrada. 

Básicamente Tinder te puntúa con una nota, que luego utiliza para clasificarte y emparejarte con personas que se asimilaban a ti. 

Pero es difícil negar que el proceso todavía depende mucho de la apariencia física. La aplicación se actualiza constantemente para permitir a las personas colocar más fotos en su perfil y hacer que las fotos se vean más grandes en la interfaz, y no hay un incentivo real para agregar mucha información personal. La mayoría de los usuarios hacen que las biografías sean breves, y algunos aprovechan las integraciones de Spotify e Instagram que les permiten agregar más contexto sin tener que agregar ninguna información adicional.

El 98% de los usuarios de Tinder no saben aprovechar al máximo las fotos de su perfil, la descripción y sobre todo encaminar una conversación, a través de la honestidad y el humor, a un contacto físico con la persona que está al otro lado de la otra pantalla.

Así que si quieres ser parte de ese 2% que sí que sabe cómo estimular a los usuarios y diferenciarse del resto.

Por si no te habías parado a pensarlo, te planteo la siguiente pregunta mi egolandiano, ¿Qué pasa cuando me paso Tinder cual pantalla final del Tetris?

Que la aplicación empieza a reclicar a los “no me gusta” y los vuelve a mostrar nuevamente. También sé, por experiencia personal, que reciclará a las personas con las que te ha emparejado y luego las que no se han emparejado, o incluso a las personas con las que has intercambiado números de teléfono. Nick Saretzky, director de producto de OkCupid, contó sobre esta práctica en el podcast Verge . Verás Tinder, Bumble, OkCupid, todos hacemos reciclaje…”

 

Quizás has podido deslizar tu dedo a la izquierda por accidente la primera vez que utilizabas la aplicación, en cuyo caso, el reciclaje de perfiles es solo un ejemplo de una corporación insensible que hace algo bueno por accidente, al otorgarte la oportunidad de hacer un repaso cuanto se te acaben todos los perfiles de tu alrededor. 

Las reglas secretas de los Super Likes y over-swiping

Tinder dice que los Super Likes triplican tus posibilidades de conseguir un match, porque son halagadores y expresan entusiasmo. No hay manera de saber si eso es verdad. Lo que sí sabemos es que cuando das un Super Like, Tinder tiene que reservar el algoritmo por un minuto. Está obligado a darte una mayor visibilidad con la persona a la que se lo has dado, por lo que entre los 2 a 10 próximas personas que vea en su perfil, esa persona a la que le has dado el Super Like, estarás posicionado tú con tu super estrella azul. Esto no significa que obtendrás un match con ella, pero sí significa que tendrás alguna oportunidad de poder conocerla, si tienes un perfil molón como consiguen tener los alumnos que pasan por nosotros. 

Los Super Likes triplican tus posibilidades de conseguir un match, porque son halagadores y expresan entusiasmo.

También podemos adivinar que el algoritmo premia la delicadeza y desincentiva a las personas por dar a me gustas sin ningún tipo de control y arbitrariedad. En Tinder, tiene un límite de 100 pases correctos por día para asegurarse de que realmente estás viendo los perfiles y no solo el correo no deseado a todos para acumular coincidencias aleatorias. Tinder, obviamente, se preocupa por hacer matches, pero se preocupa más por que la aplicación se sienta útil y los matches se sientan reales como en la vida real. Identifica cuando los usuarios intercambian números de teléfono y casi pueden decir qué cuentas se están utilizando para hacer conexiones de la vida real y cuáles para aumentar el ego de una persona. Si se pone demasiado contento, puede notar que su número de coincidencias disminuye, ya que Tinder ofrece su perfil a menos usuarios.

Viaja a través de Tinder

Una de las ventajas que más me gustan de Tinder y de su parte de pago es la geolocalización. La razón es muy sencilla, yo me considero una persona muy aventurera y viajera, por lo que que constantemente estoy viajando a todo tipo de lugares nuevos a vivir aventuras y conocer otras culturas. Qué mejor, que llegar a una ciudad nueva y ya conocer a 3 o 4 personas que aparte de estar predispuestas a enseñarte su cultura y su ciudad, sientas cierta atracción por ellas. Pues bien, yo lo que hago es geolocalizarme en la ciudad que voy a visitar y residir unos días, un par de semanas antes. Creerme que solo saco cosas positivas, desde grandes amigas que me quedan para la posteridad hasta llegar a conocer personas con las que posteriormente me he ido de viaje o he tenido algún tipo de conexión íntima. 

Hay muchas teorías de conspiración acerca de que Tinder “paraliza” la versión estándar y gratuita de la aplicación y la hace prácticamente inutilizable a menos que pagues una cuenta premium o complementos, como Super Likes y Boosts adicionales. 

La realidad es que Tinder siempre da prioridad a sus usuarios de pago, pero con cuentas estándar (las que no es necesario pagar), dispones de las funcionalidades suficientes para poder interactuar con otros usuarios. Y realmente se puede, si no llegas con una cuenta normal a tener muchos “matches” quizás este ENLACE te venga bien., pero señalaré que algunos informes indican que la proporción es de 32-68 hombres por cada mujer. Y esa proporción cambia según la geografía: su tasa de coincidencia depende mucho de la dinámica de su población local.

Entonces, ¿qué haces al respecto? El número 9.

Grábate este número, 9. En un debate al que asistí el pasado febrero , Helen Fisher, investigadora principal en antropología biológica en el Instituto Kinsey y asesora científica principal de Match.com, que es propiedad de la misma empresa matriz que Tinder, argumentó que las aplicaciones de citas no pueden hacer nada. Para cambiar la química cerebral básica del romance. No tiene sentido discutir si un algoritmo mejora coincidencias y relaciones, afirmó.

«El mayor problema es la sobrecarga cognitiva», dijo. «El cerebro no está bien construido para elegir entre cientos o miles de alternativas». Recomendó que cualquier persona que use una aplicación de citas debería dejar de pasar tan pronto como tenga nueve coincidencias: la mayor cantidad de opciones con las que nuestro cerebro está preparado para enfrentar de una vez por cada hora.

Una vez que los revises y saques los defectos y virtudes, deberías quedarte con algunas opciones sólidas. Si no, vuelve a pasar, pero para quedarte con nueve. ¡Nueve es el número mágico!¡No te olvides de esto! 

En resumidas cuentas, mi querido amig@, te recomiendo encarecidamente que a partir de hoy solo des a “like” o deslices a la derecha, a aquella persona que realmente te apetezca conocer. Si actúas de manera consecuente y con el sentido común, Tinder te va a recompensar con ello dándote más visibilidad a la comunidad, que implica un aumento de probabilidades de conocer a la persona de nuestra vida. 

Con respecto al “ELO” oculto de la app, tampoco hay que comerse la cabeza demasiado, simplemente debes saber que está. Es más importante dedicar nuestros esfuerzos a realizar un buen perfil. Recuerda que cuando vas a una primera cita, nunca vayas desaliñado y arreglate un poco para gustar tal y como eres a la otra persona. Pues las redes sociales son un poco igual, debes mostrar una buena imagen de ti mismo ya que es la única vía que tienen para decidir si quieren conocerte o no. Si no sabes cómo crear un buen perfil, puedes consultarnos a nosotros y te echaremos una mano haciendo un perfil adaptado y que muestre quien eres tú. Y si aun teniendo el mejor perfil del mundo sigues teniendo pocos resultados, un truquito que te digo ahora es que te borres tu cuenta actual y te vuelvas a hacer una nueva, así las “estadísticas” de tu “ELO” se resetearan y podrás volver a empezar desde un principio. 

Cuando tengas “coincidencias o matches” con otras personas, recuerda ser amable, respetuoso y respetuosa con la persona que tienes enfrente, es un ser humano de carne y hueso como nosotros. Mi propuesta es siempre que no te quedes con la duda de si te gustara o no, lánzate al barro con un primer mensaje divertido y comienza disfrutar de la magia de conocer nuevas personas y ver a dónde te lleva eso. 

Ya me despido de ti, animándote a usar más este tipo de apps, sin olvidar cual es el fin último de todas estas aplicaciones para conocer gente. Este es el conocer personas físicamente, de nada nos sirve si coleccionáramos teléfonos o tuviésemos 1120 matches y luego no intentáramos conocer a esas personas, más allá de aumentar nuestro ego. Yo dejaría apartado eso y me centraría en disfrutar de la magia del contacto real que da una conversación entre dos desconocidos y las mil y una aventuras que pueden surgir de ahí. Así que no dudes en contarnos y compartir con nosotros, tus próximas experiencias con las redes sociales.

 

¡Abrazados y besos para todos!

Cómo superar la ansiedad social al acercarte a alguien que te gusta

(Contribuciones de Yago Bader, Wilton Araujo y Fernando Díez, Antonio Martinez)

¡Bienvenidos mandangueros y mandangueras a un nuevo artículo! Seguimos con contenidos interesantes, hoy veremos un tema que puede parecer bastante peliagudo: cómo controlar la ansiedad a la hora de acercarnos a personas que nos resultan atractivas.

Muchos de nuestros alumnos y alumnas experimentan un miedo inconmensurable al intentar acercarse por primera vez a conocer a alguien. De repente, la ansiedad invade a la persona y ésta comienza a predecir múltiples desenlaces, a cada cual más catastrófico que el anterior. Al final terminan optando por no hacer nada, por no acercarse y por seguir con sus vidas, sin darse la oportunidad de saber lo que habría pasado realmente.

En este artículo recopilamos algunos temas tratados anteriormente

1 | ¿Qué es y cómo funciona la ansiedad?

2 | ¿Por qué algunas personas tienen más dificultades para vencer la ansiedad?

3 | Herramientas para aprender cómo controlar la ansiedad

En este artículo vas a aprender algunas nociones básicas sobre qué es la ansiedad social, qué ocurre y qué genera en nuestro organismo y cuál es la forma de desarrollarse que tiene. Veremos también cómo controlar la ansiedad, y cómo algunas personas pueden auto-bloquearse y otras generan recursos para afrontarla.

Después de aprender cuál es el funcionamiento y el origen de la ansiedad social, os regalaremos siete herramientas útiles para no solo experimentar menos niveles de ansiedad al acercarnos a conocer alguien, sino aprender cómo superar esa ansiedad social de una manera más adaptativa, cómoda e incluso divertida.

1 | ¿Qué es y cómo funciona la ansiedad?

Para empezar, vamos a matizar una de las diferencias entre las personas tímidas, las que padecen fobia social, o las que sienten ansiedad en un momento puntual (que somos todos como veremos más adelante).

A menudo, podemos encontrarnos con artículos donde se habla de estos tres conceptos como si fuesen lo mismo, y esto puede provocar que una persona se etiquete de determinada manera, por experimentar ciertas dosis de ansiedad social en situaciones puntuales, que son normales e incluso adaptativas.

Para entendernos, vamos a diferenciar estos tres conceptos por su nivel de intensidad. Yendo de mayor a menor encontramos:

  1. Fobia social: Cuando la ansiedad social es exagerada, hasta el punto de no poder llevar una vida normal, e impedir que nos relacionemos en numerosas situaciones.
  2. Timidez: Cuando la ansiedad es más tenue, no nos incapacita, pero nos afecta en algunas situaciones, y provoca que nos cueste adaptarnos o prefiramos situaciones más  “discretas”.
  3. Ansiedad puntual: Cuando sentimos cierto grado de ansiedad, en situaciones novedosas a las que nos exponemos, y que la gran mayoría de nosotros experimenta, sin que eso signifique que no podamos llevar a cabo nuestra conducta.

Pero ¿qué es la ansiedad? Podríamos comenzar diciendo que es un estado de activación de nuestro organismo, que cumple una función adaptativa. La ansiedad nace de una percepción de descompensación entre las demandas ambientales (retos o amenazas que nos toca enfrentar) y los recursos de afrontamiento (herramientas que tengo para resolver dichos retos o amenazas) que creo poseer.

De este modo, nuestro cuerpo valora que nuestros recursos no son suficientes para hacer frente al reto que se avecina y declara el estado de emergencia.

¡PELIGRO!

Es aquí cuando se desata la ansiedad, haciendo nuestro cuerpo eche leña al fuego para potenciar nuestras capacidades: más riego sanguíneo, aumento del tono muscular, liberación de adrenalina… con el fin de enfrentar o huir de un peligro o situación que consideramos amenazante. Este dato es importante tenerlo en cuenta, porque frecuentemente olvidamos una parte importante de la ansiedad: su utilidad.

La ansiedad es útil, en determinados momentos, grados y circunstancias.

Imaginemos ahora que estamos, solos en casa, en nuestra habitación escuchando ese disco de Jimi Hendrix que tanto nos gusta y, de repente, creemos ver una sombra pasar por la puerta, aunque no tenemos ni idea de si era una sombra de verdad, o si era otra cosa.

Sin embargo, a partir de aquí, anticipamos posibles peligros, causas, razones etc. Podría ser un ladrón, aquel camarero al que no pagamos el otro día, un terrorista o un hámster mutante. Podríamos estar en peligro de muerte, o podrían querer robarnos, o atacarnos.

Ante estas suposiciones, que anticipamos y que ni siquiera sabemos si son reales o no, todo nuestro cuerpo se activa, es decir, experimentamos estrés; que es un proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante.

Resumiendo, nuestra mente genera una experiencia subjetiva de peligro, y por eso nos activamos; anticipamos esa alternativa tan temida, y nuestro cuerpo se prepara para hacerle frente.

Al final, esto nos puede llevar a ser aventureros, raqueta de tenis en mano, u optar por meternos debajo de la cama y apagar la luz. A toda esta anticipación de acontecimientos, y su consecuente activación del organismo, es a lo que denominamos ansiedad.

Sin embargo, a pesar de ser útil en ciertas situaciones, puede ser perjudicial en otros casos, como cuando sentimos ansiedad social al acercarnos a esa persona que nos gusta.

¿Pero cómo funciona? ¿Qué pasa con esa ansiedad social? ¿Es ilimitada? ¿Vamos a petar como una palomita en el microondas si hablamos demasiado tiempo con esa persona? Afortunadamente no.

De hecho, los estudios han demostrado que la curva de la ansiedad (y por lo tanto la de la ansiedad social) se ajusta a una curva normal como esta:

Una curva normal, no es más que aquella que sigue una forma de campana. Empieza en un nivel inicial, aumenta hasta un nivel máximo, y después disminuye de nuevo. Esta gráfica representa el hecho de que la ansiedad, es un proceso que a lo largo de un periodo de tiempo más o menos corto, aumenta hasta un punto máximo, y luego disminuye necesariamente, (porque de otro modo seria nocivo para el organismo).

¿Qué ocurre habitualmente cuando sentimos ansiedad social? Que decidimos huir de la situación y, de este modo, interrumpimos la curva antes de que empiece a descender, evitando esta situación incómoda. La huida evita que aprendamos a controlar la ansiedad.

Es decir, en nuestra experiencia esa curva solo es una curva que crece, y nunca disminuye, porque no permitimos conocer la segunda parte del proceso. Bajo esta interpretación, crecería hasta el infinito, hasta el descontrol, y experimentarla sería un problema porque no habría posibilidad de deshacerse de esa ansiedad. Por lo tanto parece lógico frenar nuestros avances evitando la situación.

Seguro que si me acerco me pondré nervioso, lo notará y haré el ridículo” o “Ya me estoy poniendo nerviosa, seguro que cuando me acerque irá a peor y fracasaré”

Sin embargo, este tipo de pensamientos provienen de una falta de conocimiento del proceso completo del ciclo de ansiedad, ya que no hemos experimentado la segunda parte de la curva: el descenso de la ansiedad. Es decir, que todas esas veces que hemos evitado ir a hablar con esa persona, o que hemos interactuado con alguien durante un periodo de tiempo demasiado breve y después hemos huido, hemos aprendido, que la ansiedad social siempre va a estar ahí, intensa y permanente cuando nos acercamos a conocer a alguien. Hemos aprendido que va a crecer inevitablemente, sin que podamos hacer nada y, por lo tanto, ¿para qué vamos a acercarnos a hablar con nadie? ¿Para vivir un pequeño infierno voluntariamente?

Afortunadamente, la ciencia ha demostrado que la ansiedad sigue ese proceso de forma natural, así que quizás nuestra mejor opción sea reaprender como funciona e interiorizarlo.

2 | ¿Por qué algunas personas tienen más dificultades para vencer la ansiedad?

Vamos a distinguir tres posibilidades que podrían darse en la vida de cualquiera de nosotros:

Rasgos de personalidad:

La psicología utiliza el concepto de rasgo personalidad para hablar de la tendencia a comportarse de determinada manera. Partimos de la Teoría de los 5 grandes, que agrupa los rasgos principales de la personalidad del ser humano. Estos rasgos son:

  1. Extraversión
  2. Apertura a la experiencia
  3. Responsabilidad
  4. Amabilidad
  5. Inestabilidad emocional (o neuroticismo)

Hemos de entenderlos de manera dicotómica, es decir, que cada rasgo tiene dos extremos opuestos que lo definen.

Vamos a centrarnos en los dos primeros, porque adquieren más importancia en el contexto de la seducción: la extraversión y la apertura a la experiencia.

La extraversión se divide en:

+ Extraversión es la tendencia a centrarse en lo social, en lo externo.

+ Introversión quiere decir estar orientado hacia lo interno, hacia su mundo interior.

 

Y por otro lado el rasgo de apertura a la experiencia se divide en:

+ Personas más abiertas: más creativas, abiertas a nuevas ideas, que disfrutan probando cosas nuevas.

+ Personas más cerradas: disfrutan con las rutinas, con lo literal, lo que no cambia.

Por decirlo de algún modo, a medida que estos rasgos aparecen en nuestra personalidad, varía la tendencia a vivir estas situaciones de una forma u otra.

Por ejemplo; en una fiesta, Carlos que es más extrovertido, tenderá a presentarse a la gente que conoce y que no conoce. Sin embargo, María que es más introvertida, preferirá saludar solo a aquellos con los que tiene más confianza.

Las investigaciones, Bermudez (2000) entre otras, plasman una correlación positiva entre las personas que son extravertidas y están abiertas al cambio, y bajos niveles de ansiedad social.

En conclusión, hay personalidades que tienen más tendencia a experimentar la ansiedad social y otras menos. De cualquier forma, estos rasgos son tendencias, que no determinan de forma inamovible la experiencia, otros factores, y nuestra propia interacción con el medio, pueden modificar estas condicionesO, dicho de otro modo, puedes haber sido una persona con cierta tendencia a sentir esta ansiedad durante mucho tiempo, pero si te dedicas a ir te viaje a menudo y buscar conversaciones por las plazas de Praga, tu ansiedad va a disminuir considerablemente.

Ambiente familiar:

La familia y los progenitores son referentes de educación en todas las áreas de nuestra forma de ser. Y esta área es una más. De forma que la manera en que ha sido nuestra relación con ellos, o la gestión de situaciones sociales, influyen directamente en cómo las experimentamos y afrontamos en otras etapas de nuestra vida.

Si la relación con nuestros padres, tendía a coartar nuestra socialización, evitar hablar sobre emociones, e incluso sobreprotegernos, es más probable que ahora tengamos más dificultad para comunicarnos, o para gestionar esa ansiedad.

Si por el contrario, fomentaba el ingenio, la comunicación, o las conversaciones sobre como uno se sentía en determinado momento, es más probable que el desenlace fuese una forma de vivir más productiva y adaptativa en estas situaciones. “¿Qué te ha pasado con tu amiga Marta? Cuéntame.”

La presencia o no de este aprendizaje y de estos recursos, influirán en cómo experimentar, cómo afrontar y finalmente cómo controlar la ansiedad.

Experiencias significativas:

Tanto si hemos tenido éxito como si no, las experiencias que han sido importantes en nuestra historia de vida, influyen intensamente en el modo en el que predecimos que se desarrollaran las experiencias futuras.

Por ejemplo, si con quince años nos acercamos a esa chica o a ese chico que tanto nos gustaba, y le dijimos “me gustas”, pero todo desemboco en un rechazo y en un montón de compañeros de clase riéndose de nosotros, es posible que en el futuro, hayamos desarrollado lo que se conoce como indefensión aprendida a este tipo de situaciones. En un lenguaje más coloquial:” No me voy a acercar a nadie más, voy a quedarme aquí quieto, sin moverme, no quiero volver a fracasar”.

Pero, por otro lado, puede que pese a ese “fracaso” hayamos puesto en marcha nuestros recursos y hayamos enfrentado este tipo de situaciones cuando han vuelto a presentarse, desarrollando nuestra resiliencia, nuestra capacidad de superación, algo que favorecería que redefine nuestra experiencia.

Si en el caso anterior, pese a haber recibido ese rechazo, no nos hubiéramos hundido y, meses después, hubiéramos repetido ese comportamiento con otra persona, aumentaríamos la probabilidad de obtener una respuesta favorable y empezaríamos a vencer la ansiedad social.

Las experiencias positivas determinan un aprendizaje adaptativo, que en el futuro nos capacita más para acercarnos a conocer a alguien en un momento dado.

En conclusión el desarrollo y el resultado de las situaciones que tienen importancia para nosotros, influyen en el aprendizaje que realizamos en torno a la ansiedad.

3 | Herramientas para aprender cómo controlar la ansiedad

Así que, chicos y chicas, vamos a plantearos algunas ideas para controlar la ansiedad social, y sentirnos mejor al acercarnos a conocer a esa persona que tanto nos gusta; teniendo en cuenta que tanto la destreza, como los resultados que obtengáis se incrementaran de forma progresiva con la experiencia. Estamos hablando de un aprendizaje que lleva su tiempo y por lo tanto esto no es un botón de ON/OFF que podemos cambiar instantáneamente.

  • No te enfrentes a la ansiedad

Hemos hablado de la función adaptativa de la ansiedad, así que vamos a darle una utilidad. Recordemos que la activación proveniente de la ansiedad nos permite estar más atentos, ser más ingeniosos y reaccionar más rápido al entorno. Los niveles adecuados de ansiedad pueden tener el mismo efecto que tendría tomarse un café, nos ayuda a espabilar y tener más claridad.

Sin embargo, muchas veces nos enfrentamos a esta ansiedad, tratamos de anularla y, lo que es peor, solo nos acercamos a la otra persona si hemos conseguido vencerla completamente (es decir, no nos acercamos nunca). La ansiedad es normal. No es un problema, ni nada de lo que avergonzarse. Solo se puede ser valiente cuando se tiene miedo, con lo que no deberías sentirte menos válido/a por experimentarlo. Lo verdaderamente importante es cómo afrontamos ese miedo. ¿Te paralizas o actúas?

Hazlo. Y si tienes miedo, hazlo con miedo.  

  • No ocultes tu ansiedad

Si bien es cierto que la seguridad y la confianza son características que potencian el atractivo de una persona, la ansiedad no se elimina a base de esconderla. De hecho, tratar de camuflar nuestra ansiedad provoca el efecto contrario, incrementando drásticamente los niveles de la misma. El temor a que nos perciban nerviosos provoca que nos centremos más en nuestros niveles de ansiedad y, al ser más conscientes de los mismos, provocamos que se incrementen.   

Si tenemos ese miedo a ser descubiertos, el único modo de acabar con él es empezar a aceptarlo, mostrando lo que somos, con lo cual pasa a ser un recurso más de nuestra comunicación y bienestar personal. De esa manera, el control de “ser descubiertos” no es de la otra persona, sino nuestro, porque lo hacemos voluntariamente y con sentido del humor.

“Disculpa, te he visto desde ahí atrás y, aunque estoy más nervioso/a que Frodo en una joyería, quería conocerte. Soy X, ¿Cómo te llamas?

Las dos herramientas siguientes, pretenden daros dos recursos diferentes para decidiros a tomar acción a pesar de la ansiedad:

¿Qué es lo peor que puede pasar?

¿Por qué somos tan kamikazes en Egoland? ¿Por qué ponernos en esta tesitura de imaginarnos el peor escenario? Porque cuando lo hacemos, cuando creamos ese escenario tan terrible, es la única circunstancia en la que podemos analizar el contexto y preguntarnos: ¿Es tan terrible? ¿Es el fin del mundo? ¿Podría continuar con mi vida si ocurriese esto? ¿Elimina las posibilidades de relacionarme con una persona de aquí en adelante?

De esta forma, es probable que nos demos cuenta, de que esa preocupación tan grande, se ha estado fundamentando en una interpretación nuestra de algo, que como tal, es errónea.

Estamos en la cafetería de la universidad, y tres mesas más allá está esa chica o ese chico de nuestra clase que nos llama la atención desde hace tiempo. Empiezan a invadirnos todas esas dudas, que a veces son un poco caóticas y ni siquiera podemos ponerlas en orden. Así que nos preguntamos. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Podría ser, levantarnos, tropezar con la silla justo antes de llegar allí, tirarle el vaso de café encima, y mientras se aparta con rapidez y con mala cara, decirle “¡Que aproveche!”, a la vez que salimos corriendo de ahí, avergonzados.

Y a partir de aquí esto puede servirnos para ser objetivos y preguntarnos: ¿Qué probabilidades hay de que se encadenen todos estos actos desafortunados? ¿Impediría aun así que mantengamos una conversación? ¿Lo recordaríamos dentro de 10 años como algo malo? ¿Lo recordaría la otra persona? E incluso ¿No podríamos usar esta situación aplicándole sentido del humor y disculpándonos para conocerle?

Jugar las debilidades: El sentido del humor

Esto es una de las aportaciones más relevantes de nuestro director, Luis Tejedor, al campo de la seducción, que está explicada, más detalladamente en el libro Seductor, en las páginas 87-89, que puede ayudarnos a darle cierto humor y colorido al tema de la ansiedad social.

Imaginemos que tenemos muy mal pulso, que nuestras manos tiemblan habitualmente y que cuando nos enfrentamos a esta situación, empeora y se hace evidente para todo el mundo. “Como se dé cuenta de mi pulso, seguro que se ríe de mí y me dice que me largue…”

¿Qué podemos hacer? Evidentemente, ocultarlo  o justificarlo. Pero ¿hay quizás un camino más? ¿Uno en el cual en vez de estar frente a la otra persona metafóricamente, nos pongamos al lado del otro y riamos juntos? ¿Uno en el que conectemos al fin y al cabo?

Cómo siempre apuntamos en Egoland, usar el sentido del humor con aquellas cosas que nos cuesta presentar al mundo, nos llevará a un estado de comodidad mayor. Revelar nuestras cartas de antemano para evitar la ansiedad de que las acaben descubriendo. Por ejemplo:

“Hola, antes de que me lo preguntes, no me dedico a la coctelería (mientras le mostramos nuestras manos, mirándolas con curiosidad, sin ocultar el temblor y sonreímos si queremos), es solo parte del terremoto que se ha encendido dentro de mí al plantearme venir a conocerte. Soy Jeremías, ¿cómo te llamas?”.

A través del sentido del humor, encontramos una utilidad a aquello que considerábamos inútil de nosotros, siendo extravagantes (porque estamos haciendo algo que no todo el mundo se atreve a hacer) y teniendo una actitud honesta de una forma cómoda y beneficiosa para ambos.

  • Generosidad

Un estudio reciente en la revista Motivation and Emotion, llevado a cabo por Trew y Alden, ha evidenciado que los actos de bondad, desde un mensaje verbal a una acción concreta, reducen los niveles de ansiedad. ¡Qué gran noticia para los que pretendemos ser más honestos y expresar nuestras percepciones sobre los demás!

Es decir, que la acción de ayuda (relajación) y la de ansiedad (tensión) son respuestas incompatibles, que no pueden darse a la vez en nuestro organismo, según ha demostrado la psicología.

Por lo tanto otra herramienta para controlar la ansiedad, es tener comportamientos generosos y bondadosos con los demás. Acercarnos con el propósito de ofrecer algo; hacer sonreír como fin en sí mismo de nuestro querido Javi, diciendo algo como “hoy estás muy elegante” o “esos pantalones te quedan de lujo”, “siempre me parto el culo contigo”.

O de actuar,  invitando a una caña a un amigo, o acompañándole a comprarse un dron nuevo, no solo seremos más honestos y reforzaremos su autoconcepto (¡a todos nos gusta gustarnos!);  sino que además reduciremos los niveles de esa ansiedad social cuando nos plateemos acercarnos a conocer a alguien que nos gusta, entre otras situaciones.

  • Proceso

Pero no nos volvamos locos, no vamos a sentirnos cómodos ridiculizándonos, o a aceptar el peor escenario posible, o a ser completamente honestos con un desconocido de la noche a la mañana. Es hora de ver la ansiedad social y las propias interacciones, como un proceso de aprendizaje y no como un resultado.

Veamos un ejemplo:

¿Qué ocurre si me acerco a esa persona, le suelto esa broma sobre mi mal pulso y me rechaza? Si lo vemos como un resultado, probablemente me venga abajo, me culpe, me dé vergüenza y me vaya.

Pero ¿y si lo vemos como un proceso donde este fracaso puntual me podría permitir aprender y mejorar para una próxima vez? Mucho más desahogado y cómodo, ¿no creéis?

De esta forma ganamos siempre, y nunca perdemos. Porque nuestro éxito ya no está en el resultado concreto de la interacción, sino en el mero hecho de aprender sobre cada interacción social. De hecho, iniciar la interacción y que esta se desarrolle sea como sea, para bien o para mal, ya es un éxito.

Además, nuestros fracasos, que es evidente que los habrá, ya no son algo negativo e inservible, sino una forma de mejorar y optimizar nuestros recursos. De hecho, a veces olvidamos que la escalera hacia el éxito se construye con fracasos. Que lo único que diferencia a Luis Tejedor de alguien que se adentra en este mundo por primera vez, es que Luis ha fallado y ha persistido muchas más veces. Y es que, la única manera de perderle el miedo al rechazo, es experimentándolo suficientes veces. Tantas veces como para saber que no es algo doloroso, tantas veces como para saber que los pilares de tu vida permanecen intactos tras cada envestida, tantas veces como para desvincularlo del ego y saber que no se dirige hacia ti, sino hacia tu propuesta.

La interacción e incluso la persona que tenemos delante siempre tienen algo útil, nosotros, y está más justificado animarnos a aportarle algo bueno por nuestra parte, algo que a la larga nos beneficia.

  • Exponerse genera aprendizaje

Todo lo anterior caerá en saco roto si no lo practicamos, por supuesto. No se puede aprender a andar en bici a través de manuales y no se puede perder el miedo al abordaje sin enfrentarlo.

Sin embargo, hay maneras y maneras de hacerlo. Nosotros sabemos que la gente que nos sigue quiere aprender a seducir. Pero también sabemos que no quieren sufrir en el proceso. Es por ello que nosotros proponemos hacer una exposición progresiva, esto es, ir asumiendo retos paulatinamente más difíciles. De este modo, iremos subiendo los escalones uno a uno, de manera que podamos disfrutar del camino en lugar de pasarlo mal. Para ello, os proponemos la siguiente escala de pasos, para que vayáis perdiéndole el miedo progresivamente:

  • Paso 0: preguntar por una calle a peatones aleatorios
  • Paso 1: preguntar por una calle a personas que me resultan atractivas
  • Paso 2: preguntar por una calle a personas que me resultan atractivas y hacer un cumplido antes de irnos
  • Paso 3: parar a personas que me resultan atractivas haciéndoles un cumplido
  • Paso 4: parar a personas que me resultan atractivas haciéndoles un cumplido, presentarme e iniciar una conversación

Siguiendo estos pasos, evitaremos tener que asumir retos demasiado exigentes en un primer momento y podremos encontrar el reto óptimo en función de nuestro nivel de ansiedad. Es interesante recordar, que los niveles de ansiedad son dinámicos, y varían enormemente de un día para otro. De este modo, ayer pude llegar al paso 4 pero hoy no me atrevo a hacer el paso 3. Es importante normalizar estas variaciones y emplear esta escala como método de calentamiento para aquellos días en los que me siento menos sociable.

Dicho lo cual… ¡Manos a la obra chicos y chicas! Es hora de ser valientes y salir al ruedo.

Hemos explicado cómo funciona la ansiedad. Somos conscientes de que al principio, durante los primeros intentos la experimentaremos, pero sabemos que enfrentarnos a ella es la única manera de hacer que disminuya. Recordemos que, si persistimos, ésta terminará disminuyendo porque estamos modificando nuestros esquemas mentales y nuestras experiencias; y esto nos llevará a interpretarla de otra manera.

Exponerse es una herramienta más, de hecho es la que nos permite poner en marcha todas las demás. Es la que nos permite probar nuestras habilidades (generosidad, humor, valentía, gestión emocional…) y crear alternativas nuevas. Es la que nos permite de los errores.

Hemos visto diferentes recursos y herramientas para facilitar la experiencia, como lubricarla mediante el sentido del humor, como visualizar un futuro negro para percatarnos de la probabilidad remota de que ocurra, o como ser honestos para librarnos de ese miedo a ser descubierto.

Utilizamos al fin y al cabo la humildad asertiva como enfoque relacional; exponemos nuestros deseos y necesidades, teniendo en cuenta los suyos, y sin ningún reparo de manifestar tanto nuestras virtudes como nuestros defectos y carencias a través del sentido del humor, para hacer más cómoda y auténtica esa experiencia, y ser referentes de esa conducta beneficiosa para ambos, para la otra persona.

Es hora de verbalizar nuestros deseos y empezar a ser más honestos y comunicativos con las personas. Es hora de recorrer esa distancia, conscientes de nuestros nervios, ponernos a su lado y preguntarle “¿Cómo te llamas?”.

Es hora de atrevernos a gestionar la reacción de esa persona, con nuestros recursos, de experimentar esa ansiedad social, el tiempo suficiente para darnos cuenta de que tarde o temprano descenderá, y de que al final acercarnos a esa persona que nos gusta no será un problema y la ansiedad nos resultará útil e incluso divertida.

Con esto, esperamos que sepáis cómo controlar la ansiedad con más facilidad.

 

¡Mucha suerte y muchos nervios Mandangueros!

El secreto de la autoestima está en la zanahoria

En Egoland, después de 10 años de experiencia en el área de la seducción propia y de nuestras alumnas y alumnos,  nos hemos dado cuenta de que la gente más carismática es aquella que se atreve a llevar pantalones rojos. pantalones rojos autoestimaYa está. Lo hemos dicho. Nuestro mayor secreto queda pues al descubierto. Dicho esto, hoy vamos a hablar sobre la autoestima que, aunque resulta irrelevante al lado de lo de los pantalones, también parece tener cierta importancia en el ámbito de la seducción. Y es que hay que tener mucha autoestima para ponerse pantalones rojos.  

IMPORTANCIA DE LA AUTOESTIMA

Ahora en serio. Al parecer, la autoestima es una de las dimensiones psicológicas más relevantes dentro de la seducción y, por qué no decirlo, de la vida.

Luis Tejedor marcó tres objetivos a conseguir para seducir más y mejor a las que llamó las competencias naturales de la seducción. Es decir, fomentar el carisma, fomentar la capacidad de conmover y mejorar nuestra capacidad de convencer.

Al abordar el carisma, al contrario que otras escuelas de seducción, Luis planteó el hecho de “seducirse a uno mismo” para poder seducir a los demás, por tanto uno de los objetivos fundamentales que proponía Egoland era un trabajo de dentro hacia fuera, mucho más importante que unas técnicas globales para todo el mundo independientemente de quien fueras.

En ese seducirse a uno mismo, hay una dimensión fundamental llamada “la autoestima”, que afecta a diferentes facetas de nuestra existencia, todas de una extraordinaria trascendencia en el terreno de la seducción:

  • LA CONFIANZA:

autoestima
Las emociones son el origen de la motivación, movilizan la conducta. Dentro del repertorio emocional de las personas, existen dos emociones que guardan una relación especialmente estrecha con la motivación. La ilusión y el miedo. La ilusión alimenta una actitud expansiva, nos motiva a explorar y a salir de nuestra zona de confort. El miedo nos paraliza y motiva una actitud conservadora. Evidentemente, la confianza está íntimamente relacionada con la ilusión y totalmente desvinculada del temor.  

¿Qué relación tiene todo esto con la autoestima? La evidencia científica ha demostrado de manera reiterada que cuando nuestra autoestima es baja, el miedo a fracasar o a ser rechazados prevalecerá sobre nuestra motivación por alcanzar nuevos retos.

De este modo, experimentaré una especie de parálisis que me dificultará la persecución de mis metas en la vida, ya que el miedo a fracasar me incitará a no asumir riesgos. Asumiré unos mecanismos de afrontamiento defensivos, según los cuales trataré de proteger la fragilidad de mi autoconcepto mediante la evitación de la acción. Me recrearé constantemente en la gravedad del fracaso y en la enorme probabilidad de que este ocurra.

Cuando nuestra autoestima es baja, el miedo a fracasar o a ser rechazados prevalecerá sobre nuestra motivación por alcanzar nuevos retos.

Sin embargo, si mi autoestima es elevada, mi pensamiento no dedicará tanto tiempo a pensar en la posibilidad de que las cosas salgan mal y se centrará más en los beneficios que puedo obtener al perseguir mis objetivos. De este modo, la ilusión se convertirá en el combustible que motive mi conducta y aprenderé a relativizar el fracaso y a verlo como una parte importante del camino.     

  • LAS HABILIDADES SOCIALES:

Cuando la autoestima de una persona esta dañada, se acentúa la importancia de la opinión ajena en la percepción de la valía personal. Tanto es así, que la opinión de los demás se convierte en una variable clave para gustarse a uno mismo. Antes de nada, cabe recordar que la opinión de los demás debería afectarnos hasta cierto punto si nuestra salud psicológica es buena. De lo contrario, tendríamos comportamientos egoístas, violentos o antisociales que podrían acabar llevándonos al ostracismo. Y no lo olvidemos, somos seres sociales. Es importante para nosotros contar con unas relaciones sociales saludables.

Sin embargo, nuestro bienestar psicológico también puede peligrar cuando conferimos demasiada importancia a la opinión de los demás. Esto es lo que ocurre en personas con una autoestima reducida. La opinión de los demás se convierte en la brújula que guía la propia conducta, traicionando de esta manera nuestros más genuinos deseos, opiniones y necesidades e intentando acomodarnos a cada persona que tenemos delante de manera camaleónica. Es así como traicionamos a nuestra autoestima, dejando de ser nosotros mismos para intentar acoplarnos a lo que creemos que los demás quieren que seamos.

Pero esta manera de actuar es contraproducente. El deseo de gustar más a los demás acaba provocando que resultemos inverosímiles, hipócritas, inseguros y, en definitiva, menos atractivos. A la gente le gustan las personas que se respetan a sí mismas, que son fieles a lo que piensan. Debemos aceptar que, hagamos lo que hagamos, jamás vamos a conseguir gustar a todo el mundo. Dejemos de intentarlo. Permitamos que nuestra identidad vaya cribando a las personas que se van presentando en nuestro camino, para acabar quedándonos con aquellas que sean compatibles con nosotros; que nos quieran por lo que somos y no por lo que pretendemos ser.  

 

  • LA AUTOESTIMA EN RELACIONES DE PAREJA:

Parece ser que tendemos a emparejarnos con personas que rondan nuestros niveles de autoestima. De esta manera, una pareja de personas con unos niveles de autoestima bajos tenderá a ser más insegura y menos capaz de comunicarse adecuadamente. Evidentemente, esto sentará las bases de una relación frágil, plagada de inseguridades y complejos.

La inseguridad de ambos miembros se traducirá en intensos episodios de celos y una profunda desconfianza mutua que intoxicará la relación. Se desarrollará una profunda dependencia por la aprobación del otro miembro de la pareja, dado que la autoestima de cada una de las partes estará en manos del otro. Y es que se recurrirá a la visión idealizada que la pareja tiene de uno mismo para alimentar nuestra autoestima, construyendo así una relación de codependencia en la que necesitaremos a la otra persona para poder querernos a nosotros mismos. Esto, a su vez, motivará un comportamiento de renuncia a aquellos aspectos de uno mismo que no se adapten a las expectativas de la pareja. En el largo plazo, esto generará un resentimiento y un distanciamiento, arrastrando la relación a la inevitable ruptura que, muy probablemente, resultara traumática por la dependencia emocional existente entre ambas partes.

Por el otro lado, cuando la autoestima de los miembros de la pareja es saludable, éstos no están necesitados de la aprobación del otro para gustarse a sí mismos, con lo que no se desarrolla una relación de dependencia tan dramática. Al contrario. Al sentirse dignos de ser amados, los miembros de la pareja se sentirán confiados y no experimentarán celos. Tampoco dependerán el uno del otro, ya que cada uno se responsabilizará de su bienestar personal y no necesitarán de la validación del otro para alimentar su autoestima. Los miembros de la pareja optarán por expresarse de manera genuina y honesta frente a la pareja, lo cual facilitará que se conozcan mejor mutuamente y que aprendan a gestionar sus conflictos de la manera más saludable posible. Evidentemente, su capacidad para comunicarse adecuadamente revertirá en el éxito y la durabilidad de la relación.

FUNCIONAMIENTO DE LA AUTOESTIMA

Los primeros años de vida son claves a la hora de construir nuestra autoestima. La manera en que nuestros progenitores nos eduquen, sus formas de mostrar afecto y la utilización del premio y del castigo serán esenciales a la hora de determinar nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos. Sin embargo, la autoestima es dinámica. No somos prisioneros del trabajo que hicieron nuestros educadores, y es que podemos aprender a reconstruirla y a cultivarla de manera que ésta se desarrolle saludablemente.

Existe la creencia de que nuestras circunstancias tienen un enorme peso sobre nuestra autoestima. Si tengo un buen trabajo, si tengo buenas relaciones sociales, si soy una persona atractiva… mi autoestima será buena.

La autoestima es dinámica. No somos prisioneros del trabajo que hicieron nuestros educadores, y es que podemos aprender a reconstruirla y a cultivarla de manera que ésta se desarrolle saludablemente.

Circunstancias 🡪 Autoestima

Efectivamente, nuestras circunstancias tienen cierto peso sobre nuestra manera de sentirnos con nosotros mismos, pero si nuestras circunstancias determinaran nuestra autoestima, la autoestima estaría reservada solo para aquellas personas que han nacido en el primer mundo, que se han criado en familias estructuradas y que desfilan por las pasarelas como modelos. Pero esto no sucede. De hecho, la relación sería más bien la inversa. Si confío en mí mismo, es más probable que asuma los retos necesarios para optar a un mejor puesto de trabajo. Si estoy en paz conmigo mismo, mis relaciones con los demás serán más naturales y satisfactorias. Si me quiero a mí mismo, es más probable que me cuide y que, por lo tanto, tenga un mayor atractivo físico. Es decir, si tengo una buena autoestima, mis circunstancias mejorarán.

Autoestima 🡪 Circunstancias

Pero, entonces ¿Qué factores determinan la autoestima? ¿Cómo se transforma? Para comprender cómo sucede la construcción de la autoestima, veamos un ejemplo.

Se hizo un estudio midiendo los niveles de autoestima de un grupo de taxistas y de un grupo de altos cargos de empresas importantes. Las condiciones laborales (p. ej., salario, carga de trabajo, número de horas a la semana) eran siempre mejores en el segundo grupo que en el primero. Es decir, las Circunstancias laborales eran siempre mejores en el grupo de los altos cargos. A la hora de medir los niveles de autoestima de unos y de otros, se pudieron observar unos niveles de autoestima ligeramente superiores en el grupo de los altos cargos. Sin embargo, los investigadores no conseguían entender que las diferencias fueran tan pequeñas, teniendo en cuenta la abismal diferencia entre las condiciones laborales de unos y de otros. De este modo, decidieron entrevistar a un taxista con buena autoestima y a un alto cargo con baja autoestima, para tratar de esclarecer los motivos por lo que las diferencias en autoestima eran tan bajas. En el caso del taxista, cuando se le preguntó por sus niveles de satisfacción con su trabajo, éste dijo que eran muy elevados ya que gracias a su trabajo podía llevar dinero a casa con el que sacar adelante a sus dos hijos, que iban muy bien en el colegio últimamente. El alto cargo respondió que sus niveles de satisfacción eran bajos, ya que estaba profundamente frustrado por no haber alcanzado la presidencia de su empresa todavía.

Como podemos observar, las diferencias en los niveles de satisfacción laboral de uno y de otro radica en el foco de atención en el que cada uno se centra a la hora de analizar su situación profesional. La manera en que valoran sus circunstancias.

Valoración de las Circunstancias 🡪 Autoestima

Esto es lo que ocurre con la autoestima. Cuando se padecen problemas de autoestima, generalmente existe una magnificación de los puntos débiles y una minimización de las virtudes. Y claro, cuando los defectos eclipsan con su tamaño a las virtudes, la atención tenderá a posarse sobre ellos más frecuentemente. De este modo, cuando me observo a mí mismo reflejado en un espejo tengo dos opciones: fijarme en los kilos que he ganado estas navidades o fijarme en lo bien que me queda el pelo últimamente.

Y es que la autoestima es precisamente eso; el reflejo que veo cuando pienso en mí mismo. Los humanos somos capaces de construir una imagen de nosotros mismos (una identidad o autoconcepto) y de otorgarle después un valor (hacer una autovaloración). Éste es un proceso que ocurre de manera incesante. Nuestro pensamiento dedica ingentes cantidades de tiempo a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestra identidad y sobre aquellas facetas que podemos mejorar de nosotros mismos.

coyete y correcaminos autoestimaMucha gente piensa, incorrectamente, que fortalecer la autoestima tiene que ver con alcanzar nuestras metas. Todas. Ser perfectos. Pero amigos, nadie es perfecto. Y, sin embargo, existe mucha gente con una autoestima saludable ¿Dónde está la clave?

Lo veremos con la metáfora del coyote y el correcaminos. El coyote se pasa la vida persiguiendo al correcaminos. Pero jamás lo ha alcanzado, ni lo hará. Todos somos coyotes, persiguiendo a nuestro yo ideal. Se trata de una persecución perpetua, interminable. Cuando alcance al yo ideal que persigo hoy día, mi yo ideal se habrá desplazado, habrá mutado. Como quien intenta alcanzar un arcoíris. Es simplemente imposible.

No obstante, es preferible que la tensión que existe entre quién soy y quién me gustaría ser, jamás desaparezca. En cierto modo, es esta tensión la que confiere sentido a nuestra vida, la que nos hace levantarnos de la cama por las mañanas, la que nos hace esforzarnos y sacar lo mejor de nosotros mismos. Pero, si la autoestima no tiene que ver con alcanzar al correcaminos ¿en qué consiste entonces? Al parecer, la autoestima depende de la manera que tenemos de animar a nuestro coyote para que persiga al correcaminos. Existen dos opciones: el látigo y la zanahoria.

La utilización del látigo consistiría en animar al coyote mediante azotes: “has engordado, vete al gimnasio”, “hace siglos que no tienes sexo, ponte las pilas”, “eres inútil, a ver si encuentras un trabajo de lo tuyo de una vez por todas”. El látigo, por lo doloroso, moviliza la conducta. Sin embargo, el combustible del cambio es la propia autoestima. Cada pequeño avance que hacemos hacia nuestro correcaminos se paga caro. Es probable que conozcas multitud de personas que han alcanzado grandes metas gracias al látigo. Gracias a una especie de disciplina autolesiva con efectos adversos. Si bien es cierto que el látigo puede producir grandes resultados, los daños colaterales sobre la autoestima son demasiado elevados. Además, hay ámbitos en los que el progreso es imposible de conseguir sin una buena autoestima. Véase, por ejemplo, el ámbito de la seducción y de las relaciones sociales. Mientras que puede resultar posible tener una autoestima debilitada y progresar a nivel físico, es complicado alcanzar una vida afectivo-sexual plena sin una buena autoestima de base ya que, como hemos visto, nuestra autoestima determinará en gran medida nuestros niveles de atractivo y la calidad de nuestras relaciones de pareja.     

La zanahoria parte de una filosofía diametralmente opuesta a la del látigo. El látigo posa su atención sobre el fracaso personal que suponen los defectos propios y los subraya para convertir la frustración en movimiento. Por el contrario, la zanahoria parte de una actitud de aceptación y compasión hacia el yo actual. El punto de partida es un profundo amor propio hacia nuestro coyote, aceptando las propias debilidades. A sabiendas de que jamás se logrará alcanzar la perfección, de que no podemos esperar a ser perfectos para querernos a nosotros mismos, porque es un hecho que jamás alcanzaremos a nuestro correcaminos. No obstante, no hay que confundir la zanahoria con el conformismo. La zanahoria también ambiciona el crecimiento. Pero en vez de centrarse en el sufrimiento que provoca no haber alcanzado nuestros objetivos, se centra en la alegría y la ilusión que suscita la idea de poder hacerlo con el esfuerzo y la perseverancia necesarias. Por ejemplo, “puedo gustarme y ser feliz sin pareja, lo cual no quita para que me motive la idea de poder llegar a compartir mi vida con alguien que me quiera y a quien quiera”.

En definitiva, este es el funcionamiento básico de la autoestima. Si te pica la curiosidad y quieres conocer tus niveles de autoestima (y de otras dimensiones psicológicas relacionadas con la seducción), puedes hacerlo en nuestra página web, en el apartado de Evaluación Gratuita (arriba a la derecha). Además, si quisieras trabajarla con nosotros, puedes pinchar en el link que se deja a continuación. Ahora toca ponerse manos a la obra, toca perseguir a nuestro correcaminos ¿A qué estás esperando?

Autor: Hugo Pérez

Los seis niveles del juego interno (III). Las conductas.

Cómo mejorar mi juego interno – Gana confianza hoy mismo

Si hay una demanda recurrente que vemos en Egoland es la de cómo mejorar mi juego interno. Se da por hecho para todos aquellos que quieren mejorar sus habilidades en seducción que este es un tema capital: explotar mejor nuestros puntos fuertes, eliminar miedos y optimizar nuestra autoestima. Y, de hecho, lo es. En ese […]

Cómo mejorar la autoestima: 7 claves para confiar en ti a partir de hoy

Cómo mejorar la autoestima Si sólo tuviera algo más de autoestima Me gustaría confiar más en mi misma   Estas son frases que es fácil escuchar, o que nosotros mismos podemos haber dicho en alguna ocasión. Cómo mejorar la autoestima es una cuestión importante para muchas personas. Cuando tenemos la autoestima, nos sentimos capaces de […]

 

 

 

 

Resultados PIP 09/2018

Hola amigos y amigas Egolandianos! Tenemos noticias nuevas y hemos venido a compartirlas. En nuestra cruzada por hacer nuestro trabajo con rigurosidad, hemos evaluado el impacto psicológico del Plan Integral Personalizado (PIP) en los participantes del mismo. En este artículo os detallamos los maravillosos resultados que obtienen las personas que atraviesan los 4 talleres que […]