El secreto de la autoestima está en la zanahoria

En Egoland, después de 10 años de experiencia en el área de la seducción propia y de nuestras alumnas y alumnos,  nos hemos dado cuenta de que la gente más carismática es aquella que se atreve a llevar pantalones rojos. pantalones rojos autoestimaYa está. Lo hemos dicho. Nuestro mayor secreto queda pues al descubierto. Dicho esto, hoy vamos a hablar sobre la autoestima que, aunque resulta irrelevante al lado de lo de los pantalones, también parece tener cierta importancia en el ámbito de la seducción. Y es que hay que tener mucha autoestima para ponerse pantalones rojos.  

IMPORTANCIA DE LA AUTOESTIMA

Ahora en serio. Al parecer, la autoestima es una de las dimensiones psicológicas más relevantes dentro de la seducción y, por qué no decirlo, de la vida.

Luis Tejedor marcó tres objetivos a conseguir para seducir más y mejor a las que llamó las competencias naturales de la seducción. Es decir, fomentar el carisma, fomentar la capacidad de conmover y mejorar nuestra capacidad de convencer.

Al abordar el carisma, al contrario que otras escuelas de seducción, Luis planteó el hecho de “seducirse a uno mismo” para poder seducir a los demás, por tanto uno de los objetivos fundamentales que proponía Egoland era un trabajo de dentro hacia fuera, mucho más importante que unas técnicas globales para todo el mundo independientemente de quien fueras.

En ese seducirse a uno mismo, hay una dimensión fundamental llamada “la autoestima”, que afecta a diferentes facetas de nuestra existencia, todas de una extraordinaria trascendencia en el terreno de la seducción:

  • LA CONFIANZA:

autoestima
Las emociones son el origen de la motivación, movilizan la conducta. Dentro del repertorio emocional de las personas, existen dos emociones que guardan una relación especialmente estrecha con la motivación. La ilusión y el miedo. La ilusión alimenta una actitud expansiva, nos motiva a explorar y a salir de nuestra zona de confort. El miedo nos paraliza y motiva una actitud conservadora. Evidentemente, la confianza está íntimamente relacionada con la ilusión y totalmente desvinculada del temor.  

¿Qué relación tiene todo esto con la autoestima? La evidencia científica ha demostrado de manera reiterada que cuando nuestra autoestima es baja, el miedo a fracasar o a ser rechazados prevalecerá sobre nuestra motivación por alcanzar nuevos retos.

De este modo, experimentaré una especie de parálisis que me dificultará la persecución de mis metas en la vida, ya que el miedo a fracasar me incitará a no asumir riesgos. Asumiré unos mecanismos de afrontamiento defensivos, según los cuales trataré de proteger la fragilidad de mi autoconcepto mediante la evitación de la acción. Me recrearé constantemente en la gravedad del fracaso y en la enorme probabilidad de que este ocurra.

Cuando nuestra autoestima es baja, el miedo a fracasar o a ser rechazados prevalecerá sobre nuestra motivación por alcanzar nuevos retos.

Sin embargo, si mi autoestima es elevada, mi pensamiento no dedicará tanto tiempo a pensar en la posibilidad de que las cosas salgan mal y se centrará más en los beneficios que puedo obtener al perseguir mis objetivos. De este modo, la ilusión se convertirá en el combustible que motive mi conducta y aprenderé a relativizar el fracaso y a verlo como una parte importante del camino.     

  • LAS HABILIDADES SOCIALES:

Cuando la autoestima de una persona esta dañada, se acentúa la importancia de la opinión ajena en la percepción de la valía personal. Tanto es así, que la opinión de los demás se convierte en una variable clave para gustarse a uno mismo. Antes de nada, cabe recordar que la opinión de los demás debería afectarnos hasta cierto punto si nuestra salud psicológica es buena. De lo contrario, tendríamos comportamientos egoístas, violentos o antisociales que podrían acabar llevándonos al ostracismo. Y no lo olvidemos, somos seres sociales. Es importante para nosotros contar con unas relaciones sociales saludables.

Sin embargo, nuestro bienestar psicológico también puede peligrar cuando conferimos demasiada importancia a la opinión de los demás. Esto es lo que ocurre en personas con una autoestima reducida. La opinión de los demás se convierte en la brújula que guía la propia conducta, traicionando de esta manera nuestros más genuinos deseos, opiniones y necesidades e intentando acomodarnos a cada persona que tenemos delante de manera camaleónica. Es así como traicionamos a nuestra autoestima, dejando de ser nosotros mismos para intentar acoplarnos a lo que creemos que los demás quieren que seamos.

Pero esta manera de actuar es contraproducente. El deseo de gustar más a los demás acaba provocando que resultemos inverosímiles, hipócritas, inseguros y, en definitiva, menos atractivos. A la gente le gustan las personas que se respetan a sí mismas, que son fieles a lo que piensan. Debemos aceptar que, hagamos lo que hagamos, jamás vamos a conseguir gustar a todo el mundo. Dejemos de intentarlo. Permitamos que nuestra identidad vaya cribando a las personas que se van presentando en nuestro camino, para acabar quedándonos con aquellas que sean compatibles con nosotros; que nos quieran por lo que somos y no por lo que pretendemos ser.  

 

  • LA AUTOESTIMA EN RELACIONES DE PAREJA:

Parece ser que tendemos a emparejarnos con personas que rondan nuestros niveles de autoestima. De esta manera, una pareja de personas con unos niveles de autoestima bajos tenderá a ser más insegura y menos capaz de comunicarse adecuadamente. Evidentemente, esto sentará las bases de una relación frágil, plagada de inseguridades y complejos.

La inseguridad de ambos miembros se traducirá en intensos episodios de celos y una profunda desconfianza mutua que intoxicará la relación. Se desarrollará una profunda dependencia por la aprobación del otro miembro de la pareja, dado que la autoestima de cada una de las partes estará en manos del otro. Y es que se recurrirá a la visión idealizada que la pareja tiene de uno mismo para alimentar nuestra autoestima, construyendo así una relación de codependencia en la que necesitaremos a la otra persona para poder querernos a nosotros mismos. Esto, a su vez, motivará un comportamiento de renuncia a aquellos aspectos de uno mismo que no se adapten a las expectativas de la pareja. En el largo plazo, esto generará un resentimiento y un distanciamiento, arrastrando la relación a la inevitable ruptura que, muy probablemente, resultara traumática por la dependencia emocional existente entre ambas partes.

Por el otro lado, cuando la autoestima de los miembros de la pareja es saludable, éstos no están necesitados de la aprobación del otro para gustarse a sí mismos, con lo que no se desarrolla una relación de dependencia tan dramática. Al contrario. Al sentirse dignos de ser amados, los miembros de la pareja se sentirán confiados y no experimentarán celos. Tampoco dependerán el uno del otro, ya que cada uno se responsabilizará de su bienestar personal y no necesitarán de la validación del otro para alimentar su autoestima. Los miembros de la pareja optarán por expresarse de manera genuina y honesta frente a la pareja, lo cual facilitará que se conozcan mejor mutuamente y que aprendan a gestionar sus conflictos de la manera más saludable posible. Evidentemente, su capacidad para comunicarse adecuadamente revertirá en el éxito y la durabilidad de la relación.

FUNCIONAMIENTO DE LA AUTOESTIMA

Los primeros años de vida son claves a la hora de construir nuestra autoestima. La manera en que nuestros progenitores nos eduquen, sus formas de mostrar afecto y la utilización del premio y del castigo serán esenciales a la hora de determinar nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos. Sin embargo, la autoestima es dinámica. No somos prisioneros del trabajo que hicieron nuestros educadores, y es que podemos aprender a reconstruirla y a cultivarla de manera que ésta se desarrolle saludablemente.

Existe la creencia de que nuestras circunstancias tienen un enorme peso sobre nuestra autoestima. Si tengo un buen trabajo, si tengo buenas relaciones sociales, si soy una persona atractiva… mi autoestima será buena.

La autoestima es dinámica. No somos prisioneros del trabajo que hicieron nuestros educadores, y es que podemos aprender a reconstruirla y a cultivarla de manera que ésta se desarrolle saludablemente.

Circunstancias 🡪 Autoestima

Efectivamente, nuestras circunstancias tienen cierto peso sobre nuestra manera de sentirnos con nosotros mismos, pero si nuestras circunstancias determinaran nuestra autoestima, la autoestima estaría reservada solo para aquellas personas que han nacido en el primer mundo, que se han criado en familias estructuradas y que desfilan por las pasarelas como modelos. Pero esto no sucede. De hecho, la relación sería más bien la inversa. Si confío en mí mismo, es más probable que asuma los retos necesarios para optar a un mejor puesto de trabajo. Si estoy en paz conmigo mismo, mis relaciones con los demás serán más naturales y satisfactorias. Si me quiero a mí mismo, es más probable que me cuide y que, por lo tanto, tenga un mayor atractivo físico. Es decir, si tengo una buena autoestima, mis circunstancias mejorarán.

Autoestima 🡪 Circunstancias

Pero, entonces ¿Qué factores determinan la autoestima? ¿Cómo se transforma? Para comprender cómo sucede la construcción de la autoestima, veamos un ejemplo.

Se hizo un estudio midiendo los niveles de autoestima de un grupo de taxistas y de un grupo de altos cargos de empresas importantes. Las condiciones laborales (p. ej., salario, carga de trabajo, número de horas a la semana) eran siempre mejores en el segundo grupo que en el primero. Es decir, las Circunstancias laborales eran siempre mejores en el grupo de los altos cargos. A la hora de medir los niveles de autoestima de unos y de otros, se pudieron observar unos niveles de autoestima ligeramente superiores en el grupo de los altos cargos. Sin embargo, los investigadores no conseguían entender que las diferencias fueran tan pequeñas, teniendo en cuenta la abismal diferencia entre las condiciones laborales de unos y de otros. De este modo, decidieron entrevistar a un taxista con buena autoestima y a un alto cargo con baja autoestima, para tratar de esclarecer los motivos por lo que las diferencias en autoestima eran tan bajas. En el caso del taxista, cuando se le preguntó por sus niveles de satisfacción con su trabajo, éste dijo que eran muy elevados ya que gracias a su trabajo podía llevar dinero a casa con el que sacar adelante a sus dos hijos, que iban muy bien en el colegio últimamente. El alto cargo respondió que sus niveles de satisfacción eran bajos, ya que estaba profundamente frustrado por no haber alcanzado la presidencia de su empresa todavía.

Como podemos observar, las diferencias en los niveles de satisfacción laboral de uno y de otro radica en el foco de atención en el que cada uno se centra a la hora de analizar su situación profesional. La manera en que valoran sus circunstancias.

Valoración de las Circunstancias 🡪 Autoestima

Esto es lo que ocurre con la autoestima. Cuando se padecen problemas de autoestima, generalmente existe una magnificación de los puntos débiles y una minimización de las virtudes. Y claro, cuando los defectos eclipsan con su tamaño a las virtudes, la atención tenderá a posarse sobre ellos más frecuentemente. De este modo, cuando me observo a mí mismo reflejado en un espejo tengo dos opciones: fijarme en los kilos que he ganado estas navidades o fijarme en lo bien que me queda el pelo últimamente.

Y es que la autoestima es precisamente eso; el reflejo que veo cuando pienso en mí mismo. Los humanos somos capaces de construir una imagen de nosotros mismos (una identidad o autoconcepto) y de otorgarle después un valor (hacer una autovaloración). Éste es un proceso que ocurre de manera incesante. Nuestro pensamiento dedica ingentes cantidades de tiempo a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestra identidad y sobre aquellas facetas que podemos mejorar de nosotros mismos.

coyete y correcaminos autoestimaMucha gente piensa, incorrectamente, que fortalecer la autoestima tiene que ver con alcanzar nuestras metas. Todas. Ser perfectos. Pero amigos, nadie es perfecto. Y, sin embargo, existe mucha gente con una autoestima saludable ¿Dónde está la clave?

Lo veremos con la metáfora del coyote y el correcaminos. El coyote se pasa la vida persiguiendo al correcaminos. Pero jamás lo ha alcanzado, ni lo hará. Todos somos coyotes, persiguiendo a nuestro yo ideal. Se trata de una persecución perpetua, interminable. Cuando alcance al yo ideal que persigo hoy día, mi yo ideal se habrá desplazado, habrá mutado. Como quien intenta alcanzar un arcoíris. Es simplemente imposible.

No obstante, es preferible que la tensión que existe entre quién soy y quién me gustaría ser, jamás desaparezca. En cierto modo, es esta tensión la que confiere sentido a nuestra vida, la que nos hace levantarnos de la cama por las mañanas, la que nos hace esforzarnos y sacar lo mejor de nosotros mismos. Pero, si la autoestima no tiene que ver con alcanzar al correcaminos ¿en qué consiste entonces? Al parecer, la autoestima depende de la manera que tenemos de animar a nuestro coyote para que persiga al correcaminos. Existen dos opciones: el látigo y la zanahoria.

La utilización del látigo consistiría en animar al coyote mediante azotes: “has engordado, vete al gimnasio”, “hace siglos que no tienes sexo, ponte las pilas”, “eres inútil, a ver si encuentras un trabajo de lo tuyo de una vez por todas”. El látigo, por lo doloroso, moviliza la conducta. Sin embargo, el combustible del cambio es la propia autoestima. Cada pequeño avance que hacemos hacia nuestro correcaminos se paga caro. Es probable que conozcas multitud de personas que han alcanzado grandes metas gracias al látigo. Gracias a una especie de disciplina autolesiva con efectos adversos. Si bien es cierto que el látigo puede producir grandes resultados, los daños colaterales sobre la autoestima son demasiado elevados. Además, hay ámbitos en los que el progreso es imposible de conseguir sin una buena autoestima. Véase, por ejemplo, el ámbito de la seducción y de las relaciones sociales. Mientras que puede resultar posible tener una autoestima debilitada y progresar a nivel físico, es complicado alcanzar una vida afectivo-sexual plena sin una buena autoestima de base ya que, como hemos visto, nuestra autoestima determinará en gran medida nuestros niveles de atractivo y la calidad de nuestras relaciones de pareja.     

La zanahoria parte de una filosofía diametralmente opuesta a la del látigo. El látigo posa su atención sobre el fracaso personal que suponen los defectos propios y los subraya para convertir la frustración en movimiento. Por el contrario, la zanahoria parte de una actitud de aceptación y compasión hacia el yo actual. El punto de partida es un profundo amor propio hacia nuestro coyote, aceptando las propias debilidades. A sabiendas de que jamás se logrará alcanzar la perfección, de que no podemos esperar a ser perfectos para querernos a nosotros mismos, porque es un hecho que jamás alcanzaremos a nuestro correcaminos. No obstante, no hay que confundir la zanahoria con el conformismo. La zanahoria también ambiciona el crecimiento. Pero en vez de centrarse en el sufrimiento que provoca no haber alcanzado nuestros objetivos, se centra en la alegría y la ilusión que suscita la idea de poder hacerlo con el esfuerzo y la perseverancia necesarias. Por ejemplo, “puedo gustarme y ser feliz sin pareja, lo cual no quita para que me motive la idea de poder llegar a compartir mi vida con alguien que me quiera y a quien quiera”.

En definitiva, este es el funcionamiento básico de la autoestima. Si te pica la curiosidad y quieres conocer tus niveles de autoestima (y de otras dimensiones psicológicas relacionadas con la seducción), puedes hacerlo en nuestra página web, en el apartado de Evaluación Gratuita (arriba a la derecha). Además, si quisieras trabajarla con nosotros, puedes pinchar en el link que se deja a continuación. Ahora toca ponerse manos a la obra, toca perseguir a nuestro correcaminos ¿A qué estás esperando?

Autor: Hugo Pérez

Los seis niveles del juego interno (III). Las conductas.

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