Qué es el matrimonio: ¿Es natural la monogamia?

Queridas y queridos lectores, en este artículo vamos a entendernos mejor a nosotros y a nuestras relaciones. Qué es el matrimonio. Le daremos una explicación antropológica e histórica fuera de juicios morales y religiosos.

También repasaremos los orígenes de la monogamia y lo compararemos con la poligamia.

Entenderemos la relación que tiene el amor en el matrimonio y haremos un repaso por las hormonas que intervienen en las relaciones de pareja para comprender mejor qué es el matrimonio en pleno siglo XXI , ¿es natural que seamos monógamos?

¿Cuántas veces hemos escuchado en los bares que los hombres somos polígamos por naturaleza y que las mujeres son monógamas por su instinto maternal? Y en esas tertulias que se dan en los “afters” a las seis de la mañana que la psicoendocrinología puede ayudarnos a resolver algunos interrogantes sobre ¿qué es el matrimonio? ¿Cuántas conversaciones hemos tenido con un grupo de neonazis en la grada ultra de un estadio de fútbol sobre la necesidad del fin del patriarcado y sus consecuentes cambios en la antropología venidera?

¿Las parejas de ahora se parecen en algo a las del siglo pasado? ¿Y a las de hace 3000 años? ¿Es natural la convivencia monógama en pleno siglo XXI? ¿Qué era y qué es el matrimonio actualmente?

Voy a intentar poner un poco de luz a todos estos interrogantes sobre la pareja, sobre si es o no natural que seamos monógamos. Sobre la historia de la pareja heterosexual y como se han construido las parejas. Bienvenida/o a este apasionante recorrido que vamos a hacer por la historia y por las hormonas del amor que espero que os haga disfrutar tanto como a mí.

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1 | LA MONOGAMIA ¿Somos monógamos por naturaleza?

Partamos de su definición:

la monogamia (del griego mónos, ‘uno’, y gamos, ‘unión’), en el mundo animal, se refiere a la relación de la pareja que mantiene un vínculo sexual exclusivo durante el período de reproducción y crianza (de las crías).

En los humanos, la monogamia es un modelo de relaciones afectivo-sexuales basado en un ideal de exclusividad sexual por un período de tiempo que podría durar toda la vida entre dos personas unidas por un vínculo sancionado por el matrimonio, por la ley o por el derecho consuetudinario. Al practicante o creyente en este modelo de relación se le llama monógamo.

¿Somos monógamos por naturaleza?

Estamos acostumbrados por nuestra cultura a que la unión entre humanos es monógama y solemos relacionarla con el amor. O dicho de otro modo, la pareja monógama, la entendemos como una consecuencia del amor.

¿Pero a qué llamamos amor? En Occidente se entiende como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias.

¿No te parece curioso, al pensar en esas actitudes en todas las culturas se parezcan tanto los síntomas del amor? Da que pensar, ¿verdad?

Pero no siempre ni en todas las culturas, en la monogamia ha habido amor, sino más bien interés.

La familia monogámica nace de la familia sindiásmica fundada en el poder del hombre tanto en uniones monógamas como polígamas.

Syndyazo»: parear, unir dos conjuntamente. Se fundaba en la pareja de un varón y una hembra bajo la forma de matrimonio sin cohabitación exclusiva. El matrimonio no se basaba en sentimientos, sino en la conveniencia y la necesidad sin mayor duración que la que quisieran darle las partes. A la familia Sindiásmica, o matrimonio por grupos se le sitúa antes de lo que llamamos civilización. Este tipo de familia aparece entre el límite del salvajismo y la barbarie.

A día de hoy se entendería como una cooperativa sin contrato de rescisión. ¿Os lo imagináis en estos tiempos?

+ Bueno, Carlos, vamos a tener hijos, y los viernes quedamos para ello.

¿Por qué los viernes? Me viene mal. Tengo otra relación con Carmen y por estadística ya le toca quedarse preñada.

+ Pues porque los jueves me estoy acostando con Andrés, que tiene mucha pasta y es muy guapo, y me apetecen subir la media de estatura de mi barrio.

Pero el humano para sobrevivir mejor tiene que ponerse a currar. Agricultura, herramientas, etc. y adquiere, sin darse cuenta, estructuras psíquicas inconscientes que le permiten laborar. A esto es lo que llamamos «carácter de producción», que es simultáneo a la hipótesis histórica de la propiedad privada, la monogamia, el patriarcado y la esclavitud. Esta esclavitud nace al surgir la propiedad privada, ya que el hombre orienta su psicología a la propiedad.

No distingue entre cosas y personas. La orientación psicológica de la propiedad privada es el origen de las normas sexuales en general, en virtud de éstas, se establecen propiedades y propietarios (matrimonio, monogamia, patriarcado) y como consecuencias límites a las propiedades y propietarios)

¿Qué es el matrimonio? La consecuencia de la propiedad privada. ¿Somos entonces monógamos por naturaleza?

¡TENER O NO TENER! Y empizan las primeras prochibiciones que casualmente son los auténticos pilares de nuestras actuales relaciones. (Incesto, celos ,»no desearás a la mujer del otro» y sus sinónimo psicológico es un «PUEDO» (derechos sexuales exclusivos) O NO PUEDO (restricción de derechos sexuales).

O dicho de otro modo: El hombre, más fuerte físicamente se pasa horas currando al día y quiere «SUS cosas controladitas». Sus granos, sus hortalizas y sus personas cuando antes no lo necesitaba. La mente por primera vez asume y aprende a tomar conciencia de lo que es mío y lo que no.

El contrato matrimonial como forma legal, es precisamente ese establecimiento de propiedades y propietarios entre personas. Pero en la orientación de la propiedad en el plano psicológico no sólo es un deseo de poseer sino de ser poseído». Es decir,” ser propiedad de», Esto está muy enraizado en las normas sexuales que no pueden subsistir sin ambos elementos. Y aquí podría ponerme a hablar en términos psicoanalíticos… Pero ya bastante tenemos con descifrar «¿Qué es el matrimonio?»

Pero como casi todo en la historia de la humanidad recae socialmente de forma muy diferente en la mujer y el hombre. Éste último toma el poder y no lo suelta hasta estos días. Entendiendo esta toma de poder patriarcal podremos entender cómo nos ha llegado la infidelidad a nuestros días de forma diferente para hombre y para mujeres: Es decir con esta base económica de los tiempos remotos.

2 | LA INFIDELIDAD. ¿Somos monógamos por naturaleza?

El hombre puede ser infiel y la mujer no debe serlo”.

El estigma de la infidelidad recae socialmente de forma muy diferente en uno y en otro.

A la mujer engañada no se le despreciaba sino que se le compadecía porque la infidelidad del esposo constituía un peligro real de supervivencia por su dependencia económica.

Al hombre engañado sí se le menospreciaba puesto que no había sabido hacer respetar sus derechos de propietario, perdía respecto a otro rival que ponía en peligro su transmisión genética y las propiedades que éste esperaba transmitir a sus herederos.

Telita marinera, ¿verdad?. Leyendo como hemos funcionado tantos años nos damos cuenta de la importancia de los programas de educación para combatir los residuos machistas que nos inundan.

3 | HISTORIA DE LA PAREJA Y DEL MATRIMONIO ¿Qué es el matrimonio?

Para los pobladores más primitivos, el matrimonio era un deber social, una obligación religiosa, e incluso un requisito político para proveer ciudadanos para la tribu. Eran tiempos difíciles. Y contar con gente no venía nada mal. Cazar, siempre es más efectivo con un grupo numeroso. Y no te digo nada de defenderse de otra tribu que venía a quitarte tus cosas. Eran tiempos de poca negociación. Así que si vosotros erais 20 y los otros 30, se te complicaban las cosas.

Por otra parte, también existía la creencia de que las personas no casadas no podían entrar en el mundo espiritual. De hecho, existían trabajos tan dignos y curiosos como encargarse de casar a los muertos, habiendo muerto soltero/a. Valga la redundancia.

+ ¿Como dices, Luis?- me preguntas.

Cómo lo oyes en tu mente, lector..

De hecho, como había que casarse sí o sí, estas casamenteras casaban a niños e incluso, a fetos. Podías nacer ya casado con otro bebé al que tampoco habían preguntado.

Curioso es, también, que eran frecuentes las pruebas prematrimoniales, tanto para ellos como para ellas. Y por cierto, si ella ya tenía hijos antes de la boda estaba bien visto. Era una evidencia de fertilidad.

Eso de que uno era guapo o guapa no era tan importante. ¡Qué cosas! Los hombres y las mujeres tenían que demostrar que iban a ser buenos cónyuges con pruebas físicas y mentales.

En algunas culturas nórdicas, por ejemplo, existían los “cazadores de cabezas”: Un joven no se podía casar hasta que al menos dispusiera de una cabeza de una tribu rival. Cuando pasó de moda, las esposas se ganaban en torneos de adivinanzas. Esto todavía sobrevive en muchos grupos del áfrica negra.

Para ellos, las pruebas básicamente se basaban en demostrar resistencia física: cazar y luchar. Para ellas, demostrar su capacidad de hacer duras faenas agrícolas.

Estos matrimonios primitivos provisionales no implicaban licencia: eran simplemente pruebas sinceras de fecundidad.

Aterrizando en la antigua Grecia, dicha unión se llamaba engué (garantía). Este contrato sólo se hacía cuando había patrimonio para heredar. Si no, nasty de plasty. No valía la pena tanto rollo. ¡Cuánto sabían los griegos!

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Los herederos de la mujer eran los hijos y no el esposo, y el objetivo del engué era dar nacimiento a hijos legítimos que pudieran heredar los bienes paternos. Aquí se requería estricta fidelidad de parte de la esposa. O dicho de otro modo, cuanto más había que heredar, más quería asegurarse el hombre de que no curraba para hijos que no eran suyos.

Ya en Roma, la castidad no era una virtud. No era necesario el matrimonio para tener relaciones sexuales ni para tener hijos. Sólo cuando un miembro de casa elevada deseaba transmitir su patrimonio a los hijos directos, se casaban.

Eso sí, ambos cónyuges debían dar su consentimiento.

El matrimonio romano era entendido como una unión permanente pero no indisoluble a diferencia del posterior matrimonio cristiano.

En la época republicana los varones casados ya tenían prohibido tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, pero el delito se fue haciendo impune tanto social como jurídicamente. No, en cambio, con las mujeres que, de nuevo, eran castigadas severamente. Esta doble moral quedó instaurada e influyó en el comportamiento sexual de toda la historia occidental como podemos comprobar a poco que asomemos la nariz por los clubs de alterne.

El emperador Constantino intentó detener tanto golferío romano, prohibiendo mantener esposa y concubina. Evidentemente, no lo consiguió.

Mientras tanto, los pueblos germanos lo tenían más claro. Para ellos el matrimonio se constituía con la cohabitación de la pareja unida, y no por un acto formal. Más que legal, era un acto social.

Tenían varias fórmulas para ello:

#1 COMPRA de la novia: Los hombres ofrecían dinero a los progenitores y surgía una negociación para la época tan natural como el agua mineral.

#2 RAPTO o captura: Aquí había poca negociación. Y tampoco hacían falta muchas habilidades sociales ni carisma. Te juntabas con unos colegas para colarte en una casa y raptar a la chica. Como veis, nada que ver con Tinder.

#3 CONSENTIMIENTO  mutuo: Que era una derivación del rapto con la aquiescencia de la mujer pero no de la familia. Esta parece más romántica y actual. El amor por encima de los padres. Muy peliculero para la época.

La unión sexual era el único requisito para este concubinato o matrimonio.

¿Vas sacando conclusiones sobre qué es el matrimonio y si somos monógamos o polígamos por naturaleza?

Al derrumbarse el imperio romano, la Iglesia tomó las riendas de la ética y la moral en Occidente. Empiezan los tiempos del oscurantismo sexual dentro de la pareja. Aquí ya se impone la monogamia formal y se proscribe la consanguinidad aunque las familias reales siguen practicándola.

El matrimonio es concebido como una unión de iguales ante Dios (aunque no ante la ley humana). Se impone la monogamia formal (aunque sigue el amancebamiento de amantes). Se proscribe la consanguinidad aunque las familias reales siguen practicándola.

Los decretos de emperadores cristianos modificaron las formas de contraer matrimonio. Por ejemplo se restringió a la clase alta que un célibe aristócrata podía elegir pareja.

Los pobres, en este ámbito, sí tenían más libertad. Se hicieron legales las parejas informales como parejas de esclavos (contubernio). ¿Qué cosas, verdad?

Bien, amigas y amigos, os invito al siguiente concepto..

4 | LA POLIGAMIA ¿Somos polígamos por naturaleza?

La poligamia es un tipo de matrimonio en que se permite a una persona estar casada con varios individuos al mismo tiempo.

Proviene del griego πολύς (polís) y γάμος (gámos) «muchos matrimonios». Comprende tanto la poliginia como la poliandria.

Como comentábamos anteriormente, al derrumbarse el imperio romano, es la Iglesia Católica la que toma las riendas de la ética y la moral en Occidente. Empiezan los tiempos del oscurantismo sexual dentro de la pareja. Aquí ya se impone la monogamia formal y se proscribe la consanguinidad aunque las familias reales siguen practicándola.

Por otro lado, y en contraposición, hebreos, egipcios, griegos, persas, asirios, japoneses, hindúes, rusos y germanos aprobaban la poligamia. Así como el Antiguo y Nuevo testamento son los primeros libros religiosos que la recogen. Pero de nuevo, “¿Por qué no se permite la poligamia en la mujer?” Debate constante que habría que analizar. Por aquel entonces se decía que la mujer en un año podía tener un hijo y un hombre podía fecundar a muchas mujeres. En una sociedad necesitada de brazos, hijos para sobrevivir, el planteamiento estaba claro. ¿Pero actualmente?

Numerosas investigaciones se han llevado a cabo durante tiempo sin llegar a un punto en común. Actualmente sigue siendo un debate continuo.

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Poligamia mandanguera

-Para algunos psicólogos evolucionistas no hubiéramos evolucionado sin la monogamia, ya que la poligamia no hubiera permitido que los bebés se desarrollaran física y mentalmente. El tener una pareja estable, desde su punto de vista, ayudó a nuestros ancestros a apoyarse para proteger y criar a los hijos lo suficiente para que desarrollaran su cerebro grande. Los estudios de Opie han encontrado que la poligamia es algo muy reciente. El psicólogo evolutivo David Buss comenta que los celos son una adaptación evolutiva para retener a nuestra pareja y evitar que otro macho abuse de ella, lo que amplía el compromiso.

Sin embargo, no todos están de acuerdo, si nacimos polígamos para convertirnos monógamos o viceversa. Christopher Ryan, de la Universidad de San Francisco es otro de los partidarios de que  la poligamia es  una acción evolutiva y a la monogamia como un comportamiento social. “La monogamia es antinatural, antes de ser sedentarios la reproducción no se limitaba a una sola pareja, pues entre más parejas tuvieran las hembras tenían mayores posibilidades de tener hijos”.

De lo que sí que estamos de acuerdo es de que la pareja se forma para dar respuesta a una serie de necesidades humanas, la más evidente de las cuales es la reproducción, que por sí misma es una necesidad de la especie, pero que a la vez viene a cubrir necesidades del individuo tales como la compañía (no estar solo) y la solidaridad (ayuda o apoyo mutuo). O sea, que lo de la pareja no es sólo para tener hijos.

En consecuencia, para asegurar la continuidad de la función procreadora bastaría con el impulso y la atracción sexuales, no siendo necesaria para ello una experiencia tan extraordinariamente devastadora como el enamoramiento. El amor es un misterio.

Está claro que para la consecución de los fines procreadores bastaría con una unión sexual esporádica, pero la complejidad de la crianza ha llevado a los humanos, así como a otras especies, a buscar formas más complejas y estables de relación para asegurar el proceso y el suministro continuado del sustento necesario: alimento, cobijo, protección. Estos objetivos, sin embargo, se pueden conseguir de formas muy variadas, tal como han demostrado las distintas modalidades de organización familiar descritas por los estudios antropológicos.

Como dice Punset :

Lo que la gente busca al casarse es el compromiso para formar una familia, asegurar una fuente de afectividad y la fidelidad sexual.

Como dice un proverbio africano para educar a un niño hace falta toda una tribu. Aun así, sea por la evolución económica o tecnológica o por efecto del colonialismo, en la mayoría de culturas ha prevalecido la organización matrimonial, como sistema para asegurar el conjunto de funciones atribuidas a la pareja heterosexual de generación y crianza de los hijos, así como de apoyo y solidaridad mutuas, dando origen a formaciones familiares más o menos extensas según el momento evolutivo de cada sociedad.

En muchas culturas la institución del matrimonio está claramente regulada por costumbres más o menos ancestrales, o por leyes religiosas o civiles. En otras está sometida a un proceso de flexibilidad e indeterminación, característico de un momento de cambio social. Eso nos va dando pistas de qué es el matrimonio.

La elección del cónyuge ha estado sometida igualmente a las condiciones culturales y sociales propias de cada grupo humano según el momento evolutivo de su historia. A la costumbre de asignar la pareja por parte de los padres a los hijos con criterios económicos o patrimoniales, de casta o clase social, o incluso por razones de Estado, se ha ido introduciendo en Occidente, particularmente, como resultado de una larga evolución social, ideológica y económica que ha otorgado un particular valor a la elección libre e individual de cada uno, el concepto de pareja romántica, basada en la atracción sexual y el enamoramiento

 

5 | HORMONAS IMPLICADAS EN EL AMOR Y LA FIDELIDAD. ¿Somos monógamos por naturaleza?

Y a todo esto, ¿qué podemos decir respecto a nuestras hormonas y emociones? ¿Hay hormonas que nos afectan en situaciones de pareja? ¿Explican nuestras hormonas emociones como la fidelidad o el amor? A continuación vamos a abordar cada una de las hormonas implicadas en nuestros momentos de pareja o fidelidad. Quizá esto nos ayude a entendernos mejor.

#1 Oxitocina:

hormonas-fidelidad-oxitocina

La oxitocina, igualmente llamada informalmente por algunos como la «molécula del amor» o «la molécula afrodisíaca», La hormona de los mimosos, es una hormona relacionada con los patrones sexuales y concretamente con la monogamia. En relación a esto, se afirma que desempeña un importante papel en la fidelidad masculina y la monogamia.

Desempeña múltiples funciones: tiene un papel fundamental en el desencadenamiento del parto y en la lactancia; está implicada en la formación de las relaciones sociales, y promueve los lazos entre padres e hijos, así como entre las parejas. Además, un estudio reciente ha revelado que, además, esta hormona potencia también la monogamia.

Concretamente en las mujeres, esta hormona se libera en grandes cantidades tras la distensión del cérvix uterino y la vagina durante el parto (estimulación de la contracción del útero) así como en respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé, facilitando por tanto el parto y la lactancia.

En el cerebro parece estar involucrada en el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales y podría estar involucrada en la formación de relaciones de confianza y generosidad entre personas, como el papel que podría jugar en el autismo.

Según un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Bonn (Oeste de Alemania) bajo la dirección del Prof. Dr. René Hurlemann y con la participación de investigadores de la Universidad Ruhr de Bochum y la Universidad de Chengdu (China ), hombres comprometidos en relaciones estables a los que se les suministró oxitocina mantienen mayor distancia con mujeres desconocidas que les parecen atractivas, en comparación con hombres a los que, en la misma situación, se les suministró un placebo. Sin embargo, este efecto de la oxitocina no se dio en hombres solteros. Dicho con otras palabras, los hombres con elevadas cantidades de oxitocina en el cerebro ven a sus parejas más atractivas que aquellos con niveles más bajos. Para demostrar estos resultados se suministró oxitocina mediante un espray nasal a un grupo de cuarenta hombres heterosexuales que vivían con su pareja en el momento del estudio. Cuarenta y cinco minutos después de que se les suministrara la oxitocina por vía nasal se les presentó a estos una participante en el experimento a la que más tarde todos describieron como “atractiva». A medida que esta mujer se acercaba o se alejaba de los voluntarios, a ellos se les pidió que indicaran la distancia que consideraban como “ideal”, así como que definieran a que distancia de la bella mujer comenzaban a sentirse “incómodos”. Los investigadores descubrieron que la oxitocina hizo que los hombres comprometidos en una relación estable prefiriesen mantener una distancia mayor (de entre 10 y 15 centímetros) entre ellos y la mujer. Esto no sucedió con los hombres solteros.

Por otra parte, ante la visión de la propia pareja, esta hormona se ocupa de activar el centro de gratificación en el cerebro masculino, fortaleciendo de este modo los comportamientos monógamos en los hombres.

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Según afirma René Hurlemann:

«Este mecanismo biológico actúa de modo muy parecido a una droga», ya que «tanto en el amor como en el consumo de drogas se busca estimular el centro de satisfacción del cerebro»

Además, el director del estudio apunta que la oxitocina estimula el contacto entre las parejas ya que, por medio de éste, se mantiene alto el nivel de esta hormona y ello repercute en una potenciación de la relación sentimental.

Esto apoyaría a los partidarios de que somos monógamos por naturaleza.

Sin embargo, Hurlemann recuerda que «el hombre constituye una excepción». A primera vista, la monogamia no tiene mucho sentido. En la visión clásica de la biología evolutiva, los hombres constituyen una excepción ya que la monogamia no es un patrón de conducta muy extendido entre los animales salvajes.

A pesar de todo esto, se debe tener en cuenta las limitaciones del estudio de Hurlemann, ya que se trata de una investigación con una muestra relativamente pequeña y es posible que este supuesto efecto anti-infidelidad, en caso de que se produzca, no tenga lugar en todas las personas, situaciones o contextos. Más concretamente, los propios autores advierten que para que este efecto surja, la oxitocina debe liberarse en el esposo justo antes del contexto en el que pueden encontrarse con otras mujeres. Además niegan le pregunta de si la oxitocina podría ayudar a que los hombres mujeriegos resistieran la tentación, y puso en duda el que alguna droga pudiera ser tan potente.

El problema reside en la existencia de gente desamparada que no puede interpretar con cautela estos mensajes esperanzadores, y resulta comprensible cuando se trata de matrimonios al borde de la separación o padres de niños que padecen enfermedades como el autismo. Debido a algunos de los efectos pro-sociales de la oxitocina, se están realizando ensayos clínicos, estudios en progreso cuyos resultados se desconocen por el momento.

En resumen, la oxitocina, la hormona polifacética y con múltiples funciones en el cuerpo humano: nos une, nos lleva hacia la monogamia y fidelidad, y mantiene el apego y las ligas familiares. No obstante, resultaría contraproducente interpretar que esta sustancia puede actuar como píldora contra la infidelidad. En muchos sentidos la oxitocina es un ejemplo claro de lo que ocurre cuando el entusiasmo, la charlatanería y el optimismo se anteponen a la evidencia y la experimentación cuidadosa.

#2 Vasopresina:

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Desde el punto de vista biológico, partimos del eje hipotálamo-hipofiso-adrenal (cortisol) para referirnos a la oxitocina y vasopresina, ambas con receptores en áreas fundamentales para la cognición social como por ejemplo la amígdala o el córtex prefontal medial. En general, y lo más importante, es que tienen efectos en la inferencia de emociones, en la creación y mantenimiento de vínculos de afiliación. De sentirse en pareja.

Igualmente que la oxitocina, la vasopresina es neuropéptido formado por 9 aminoácidos que pueden actuar como hormonas al ser liberados al torrente sanguíneo, o como neurotransmisores y neuromoduladores cuando se liberan en el interior del cerebro, a las cuales también se les puede llamar neurohormonas. Se sintetiza en las células magnocelulares de los núcleos supraóptico y paraventricular del hipotálamo y se liberan a través de la neurohipófisis a la periferia. Depende de hormonas sexuales para su acción y síntesis: la testosterona es crítica para la síntesis de vasopresina.

En particular, la arginina-vasopresina en cuanto a conducta social se refiere, y en relación a nuestro caso, está generalmente más implicada en conductas sociales típicamente masculinas como puede ser la formación de pareja. Tal como comenta Helen Fisher en una de sus investigaciones sobre el amor, y dentro de las fases que lo componen, podemos destacar características dentro de esas fases que pueden estar ligadas con la concepción monogámica de la pareja. En la conocida como segunda fase del amor, “amor romántico”, que se corresponde con lo que se suele entender por “estar enamorado”, los sujetos en cuestión manifiestan una clara “atracción sexual selectiva”. Lo más característico de esta fase es el aumento de placer y motivación para estar con la persona amada, y el profundo sentimiento de tristeza que se produce antes su ausencia. Con todo esto podemos llegar a entender lo que sucede en la siguiente fase. La fase tres es la referida al proceso de vinculación e unión entre la pareja. Una vez afianzado el amor mutuo, se fomenta de forma más contundente la confianza y el vínculo entre la pareja.

Fundamentalmente en todo este proceso, el papel que juega la vasopresina y la oxitocina es esencial. En resumidas cuentas se produce un aumento considerable de ambas durante todo el proceso. La vasopresina en particular es un antidiurético y controla el volumen y la presión de la sangre. Es una sustancia fundamental para el mantenimiento de la memoria y puede ser utilizado como estimulador de la cognición. De nuevo, y dado el papel que la vasopresina y la oxitocina juegan tanto en proporcionar una sensación de bienestar como en el reconocimiento, parece normal que estén vinculadas a la fidelidad y al reforzamiento de los lazos amorosos entre amantes. En esas condiciones hay desconexión orbitofrontal y por tanto escasa prudencia y previsión (contigo pan y cebolla). Es la fase del enamoramiento o cortejo con la que suelen iniciarse la mayoría de las relaciones de pareja y que cuando finaliza puede dar al traste con la viabilidad de la pareja si esta no sabe seguir adelante en su evolución. Cuando se ha enfriado el circuito del apego (fusión) un rechazo sexual puede desencadenar la infidelidad sexual, pues solo se sostiene por el circuito del placer.

De la misma forma que de la oxitocina se han llevado a cabo numerosas investigaciones y estudios acerca de su impacto en los humanos, de la vasopresina hay mucha menos información y ésta está más ligada a estudios realizados con animales.

Los trabajos realizados por Larry Young de la universidad de Emory es un ejemplo de lo anteriormente comentado. La vasopresina en relación a los animales es la que intervendría en aspectos como la selección de pareja, en la custodia, y en la territorialidad. La investigación que Larry Young llevó a cabo con unas familias de topos que mostraban conductas muy diferentes en relación a sus parejas y a su prole, han permitido vincular la presencia de vasopresina en las relaciones estables de pareja.

El microtus ochrogaster o topillo de la pradera tiene el comportamiento sexual de Michael Landon en la casa de la pradera. Se mantiene monógamo durante su vida e incluso no vuelve a encontrar pareja aunque enviuden. Además son colaboradores y se preocupan por el mantenimiento de la prole. Por el contrario, sus primos los topillos de la montaña, microtus montanus, mantienen una vida disoluta y abierta en lo que respecta a sus relaciones de pareja; y al mismo tiempo tampoco se preocupan de sus descendientes. Al parecer, es la vasopresina la que determina la vida sexual de los topillos. Un gen es el responsable de general el neuroreceptor de la vasopresina, así que aquellos topillos que tienen ese gen, fabrican el neuroreceptor en las cantidades apropiadas, y como consecuencia, sus portadores son fieles hasta que la muerte los separe. Aquí también estaba implicada la oxitocina que relatamos a continuación.

#3 Dopamina:

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Por otra parte, otro neurotransmisor que puede tener una posible influencia en la monogamia es la dopamina. Se trata del neurotransmisor catecolaminérgico más importante del Sistema Nervioso Central (SNC) de los mamíferos y participa en la regulación de diversas funciones como la conducta motora, la emotividad y la afectividad así como en la comunicación neuroendocrina. También conocido como el neurotransmisor del amor, debido a que se encuentra involucrado en todas las conductas placenteras, como hacer ejercicio, consumir drogas o el acto sexual.

Estudios recientes han descubierto que esta hormona se encuentra relacionada con la monogamia, en una estructura cerebral conocida como núcleo accumbens, puesto que se incrementan los niveles de dicho neurotransmisor cuando hay una relación estable con una sola pareja o, como se ha probado en animales, cuando el bloqueo de la dopamina tiene efecto en los machos que copulan más con otras hembras.

6 | CONCLUSIÓN: ¿Qué es el matrimonio? ¿Somos monógamos por naturaleza?

Al parecer y desde un punto de vista biológico y psicoendocrino, la fidelidad está prácticamente asegurada cuando se está enamorado. Cuando el enganche hormonal se termina, incluso si queremos profundamente a esa persona, necesitamos de los valores, la programación social y la voluntad para continuar fieles. Los avances en neuroimagen, biología molecular y genética permitirán determinar las regiones y circuitos cerebrales involucrados en la monogamia y la fidelidad, además de entregarnos las bases genéticas que abren las puertas para entender las conductas de un tipo u otro.

Aun así, tal y como he destacado a lo largo del artículo, este tema sigue generando controversia acerca de si la monogamia en la pareja es una “situación natural”. Podría resumirse diciendo que entre los mamíferos y, particularmente entre los primates sociales no es fácil constatar la monogamia como práctica habitual. Por tanto, algunos humanos practican la monogamia social pero no son monógamos desde la óptica puramente sexual. Aun así, apreciamos que el ser humano es capaz si desea y se lo propone, tratar de aumentar esa fidelidad y comprometerse de un modo más real con su pareja.

No todas las relaciones han de acabarse si el amor falla, las personas evolucionamos y por tanto nuestras relaciones también. Como explica Larry Young, podríamos aumentar la fidelidad estimulado la liberación de oxitocina, es decir, mediante la proximidad física y las relaciones íntimas. Algo tan básico pero a veces tan olvidado por las terapias psicológicas. “Querer es poder”, amigas y amigos.

Y sinceramente, si bien puede haber dudas respecto a si es natural o no ser monógamos, nos hemos otorgado valores y hábitos como la sinceridad. La mentira en la pareja no tiene justificación alguna y como decimos en Egoland, os recomendamos aplicar las 3 Haches: Humildad asertiva, humor, y en este caso HONESTIDAD.

¿Qué es el matrimonio entonces? Dímelo tú, ahora que tienes toda esta información y que tienes tus propios valores, creencias y expectativas.

Siempre vuestro, Egoh.

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egoland

Psicólogo y sexólogo clínico. Escritor. Instructor más experimentado de seducción de España, Coodirector compañía de teatro Alacrà, Compositor de B.S.O. para cine y teatro. Luis Tejedor
4 comentarios
  1. Herno
    Herno Dice:

    Cómo te lo curras, Luis, tú haciendo trabajo duro pero poco agradecido… Es una pena que mientras haya gente llenando salas de 100 personas a 200 euros por cabeza en Méjico, enseñando videos con cámara oculta

    Responder
    • egoland
      egoland Dice:

      Hombre, más que trabajo duro, yo diría maravilloso. Me encanta la investigación. EN cualquier caso, a mi económicamente no me va nada mal. Pero gracias por valorar este artículo

      Responder
  2. Tony Ciudad
    Tony Ciudad Dice:

    ¡Pedazo de artículo, Luis! Lo tiene todo. Has introducido historia, legalidad, ciencia, química y algo de filosofía.

    Personalmente, creo que el matrimonio es un vínculo biológico y emocional. Una especie de decisión al compromiso para satisfacer nuestras necesidades afectivas y reproductoras con la esperanza de dejar una descendencia fuerte y adaptada que tome nuestro relevo en este dinámico mundo.

    También considero que el matrimonio ayuda a la sociedad actual a mantenerse unida. La poligamia exacerbada suele tender a batallas, luchas «por amor» y confrontaciones.

    Además, si estás todo el día buscando una nueva pareja, ¿cuándo aportarías tu granito de arena a la sociedad con tu trabajo?

    ¡Un abrazo!

    Tony Ciudad.

    Responder

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