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Relato erótico: ¡Vaya Trío!, por León

Había llegado de viaje, en la mañana, en razón de mi trabajo como abogado, a un municipio de la montañera y quebrada geografía antioqueña. Asistí a mis diligencias en el juzgado municipal normalmente, como hacía siempre; todo lo hice muy rápidamente a fin de volver a tomar camino rumbo a la ciudad de la eterna primavera…

Cuando llegué a eso de las tres de la tarde al punto de venta de los tiquets, la mujer que los expendía me dio la noticia que había derrumbe en la carretera como consecuencia de las fuertes lluvias del día y que los despachos de buses con pasajeros estaban suspendidos hasta el día siguiente y eso si las máquinas lograban despejar en el resto de tarde y en la noche, el inmenso alud de tierra que había caído sobre la calzada en tres puntos diferentes.

No me desesperé ya que siempre ha sido costumbre en mí, desde mis años de seminario, no preocuparme por aquellas situaciones que estaban por fuera de mi esfera de acción, aquellas que se salían de mis manos…

-Doctor… pues aprovecha y nos damos una bailadita en la noche –  me dijo la expendedora de tiquetes.

Yo la miré detenidamente por primera vez; nunca la había mirado así anteriormente. Ahora me fijé en los detalles; tenía unos ojos color miel, muy lindos y brillantes, unos labios delgados pero muy bien delineados, carita redondita, un poquito cachetoncita, el cabello corto y asido con una cintilla de algodón en la parte de atrás.

Me tomé el atrevimiento y le dije:

Ponte de pie para mirar si me das la estatura para lo de la bailadita… Como ves soy un poco alto y quedaríamos como disparejos.

Me miró pícaramente y me dijo:

-De pie podemos quedar como dices pero horizontalmente lo único que importa es que cuadren y encajen los centros…

-Pues sí, tienes razón pero… ¿es que quieres bailar de pie o acostada?

Alzó su mirada, posó sus ojos fijamente en mí como para darse seguridad; luego se puso de pie, salió de la taquilla y se acercó a mí, me tomó de la mano, se elevó un poco y me dio un beso pequeño y mordelón en los labios y musitó:

-Con usted, mi doctor, bailo como quiera y si es en la cama, mucho mejor… usted no imagina las calenturas que me han dado cuando lo veo que viene a comprar sus pasajes. Me hago agua en la entrepierna.

«¡Qué lanzada!», pensé… pero la verdad está como linda y debe ser un polvorín en plena erupción; aguanta hacerle vueltica esta noche…

libro-egoland-comprar-descargar-ligarLa tomé de la cintura y la acerqué a mí, la levanté un poco, sus pies quedaron en el aire, ya que sí era de baja estatura como presumía, y le asesté un beso de esos que son con lengua y todo, le examiné su apéndice lingual, su paladar, sus amígdalas, su dentadura y casi llego hasta el esófago; ella me mordía con picardía y con pasión, su respiración se iba haciendo más agitada y su cuerpo temblaba ya que así lo sentía en mis brazos.

Con ella levantada del suelo sentía su pecho agitado; notaba como sus pequeñas tetas se iban endureciendo al roce de mi cuerpo; temblaba y un escalofrío la recorría por el cuerpo. La sostuve con mi mano derecha y con la izquierda comencé a vagar por su pecho; metí mi mano por entre la blusa de seda y ¡Oh sorpresa!, la muy guarra no tenía sostén y mis manos llegaron justamente a sus pezones los cuales comencé a masajear…

De un momento a otro ella me dijo:

-Cierra la puerta que puede llegar alguien a comprar tiquetes y no quiero que nos vean en estas.

La solté y presuroso corrí a cerrar la puerta de acceso a la oficina. Sin perder tiempo le quité la blusa y sus tetas maravillosas quedaron a mi disposición. La recosté en el escritorio y comencé a mamarle los pequeños senos; me aferré de sus pezones llevándolos a mi boca que ya hacía más agua que barco en naufragio; sus pezones comenzaron a crecer y crecer y crecer, se iban poniendo duros, erectos y erguidos. Los miré y tenían cada uno una longitud de unos cuatro o cinco centímetros; parecían pequeños penes que salían de sus tetas…

Mientras tanto, ella había terminado de desabrocharme la camisa y comenzaba a husmear con sus manos en la bragueta de mi pantalón… Mi cerebro volaba, había que apresurarse, el tiempo corría incesante y esto iba a ser un polvito de afán pero muy placentero…

Como ella no tenía bluyín sino una faldita tipo sastre de color marrón, simplemente se la levanté y de un soplo tajo le quité sus diminutas tangas. Sentía como ella había bajado mi cremallera y había tomado mi arcabuz que estaba a punto de reventar; le pasaba sus manos por el glande haciéndolo crecer más y más; gemía suavemente mientras que su pequeño cuerpo se agitaba en leves convulsiones.

-Tantas veces deseé esto cuando venías a comprar tu tiquete… todo creído y antipático que ni siquiera me mirabas.

-Nunca dijiste nada…

-Ustedes los hombres son una partida de tontos… todo hay que dárselos picadito para que no se ahoguen.

Ya la conversación se estaba haciendo larga y lo que había que hacer era continuar; ya habría tiempo para elucubraciones y reclamos; ahora lo importante era terminar lo que había empezado…

Como ella estaba recostada, casi acostada en el escritorio, simplemente me corrí hacia su rostro para que me diera una buena mamada mientras que con mis dedos le hurgaba las entrañas.

Su crica era pequeña como todo lo de ella, excepto sus pezones… pero de su gruta emergía un clítoris parecido a las puntas de sus senos… ¡Vaya trío!, pensé. Mis manos comenzaron la danza por su vientre, mis dedos se metieron, irrefrenables, en su agujero que estaba más húmedo que roca a bordo de charco y al pie de una cascada; ella se retorcía de varias maneras mientras con su boca seguía chupando y chupando de mi bombón, quería sacarle su centro de fruta líquida con la boca…

Yo sentía que estaba a nada de venirme y ella se movía de tal forma que su orgasmo estaba a una millonésima de segundo de hacer su llegada triunfal.

Llegamos a tal punto de compenetración que lo que seguía sería la penetración. La tome entre mis brazos y la puse de frente con las piernas abiertas. No sé donde recostó su cabeza ni me importaba. Alcé sus pies con mis manos abriéndola mucho más. Su chocha hizo como un pez al abrir su boca y mi pene que estaba justo al frente se arrimó. Abrí sus pies y su pecera se abrió simultánea, entonces le introduje suavemente la punta del tolete que ya lo tenía en su máxima etapa de crecimiento y goteando.

-Ahhhhhhh, justo como me lo imaginé muchas veces aquí sentada en mi escritorio cada vez que venías…

Solo atiné a mirarla; era tanta y tan densa la emoción que había en el ambiente que podía partirse en rodajas, con un cuchillo, sentía que la oficina de tiquetes ardía como zarza en el desierto… Mientras que mi pene penetraba victorioso y erguido en su vagina, con mis dedos, índice y medio, comencé a masturbar su clítoris. Digo masturbar porque lo hacía como si fuera un pequeño pene al cual despojaba de su capuchón con mis dedos los cuales subía y bajaba por su pequeño pero erecto tallo. Era como si esta mujer tuviera dos órganos sexuales. ¡Hasta podría metérmelo en el culo si yo quisiera, lo tiene duro!… Aparté ese pensamiento de mí y seguí concentrado en clavarla a gusto…

Yo había comenzado con un bombeo suave que fue tomando velocidad al paso que las caderas de mi gordita se batían como licuadora a la máxima velocidad… ¡Creo que no aguantaré mucho este ritmo endemoniado!, pensé.  ¡Qué vieja pa´moverlo rico! 

-Dale mi doctor… dale, dale, dale… Ay, que rico

Yo ni abría los ojos tratando de aguantar un poco más. Agarraba mi pene de la raíz y lo apretaba; intentaba frenarla un poco pero tiene más frenos un avión en picada. Cada vez se hacía más cercano el momento del estallido, un  nuevo big bang se avecinaba y ya era imposible impedirlo… A esta mujer le entraba más que a una vaca de para abajo… Chiquita pero profunda ya que mi pene se iba hasta la cacha…

-Mételo, mételo, mételo…

El mío no es el más grande pero tampoco es pequeño… me han dicho que es un poco más que el promedio y esta vieja quería más y más y ¡De donde por Dios! si ya lo tenía acomodado hasta la empuñadura…

De todas maneras seguía golpeando con mi vientre, su cripta; le acomodé dos dedos más al lado de mi verdugo y así, tanto las sensaciones de ella como las mías, aumentaban, mientras que con la otra mano le seguía masturbando ardorosamente el clítoris. De pronto…

-Me vengo, me vengo, me vengo, me vengo, me vengooooooooooooo…

Y junto con ella, yo me vine… el chorro era interminable, eyaculé todo el semen acumulado en meses de abstinencia sexual en los cuales ni una pajita me había hecho siquiera… miré su pequeño clítoris y lo observaba completamente húmedo y mojado… Había tenido orgasmo vaginal y clitoridal… Vaya sensación la que sentía…

relato erotico trio doctorDe un momento a otro y sin sacarlo porque ella me tenía abarcada la cintura con sus piernas, sentí que ella se orinaba; su líquido amarillento mojaba mi pene, mis testículos, mis piernas, mi bóxer negro que estaba en los tobillos; ¡Qué bueno que preví quitarme el pantalón!, pensé. Dejé que el orín corriera libremente haciendo un charco en el piso de concreto.

-Se hizo realidad mi sueño con usted mi doctor, dijo ella mientras comenzaba a aflojar sus piernas de mi cintura – Nunca me había mojado tanto, pero es que quien no, con esa maravilla de bastón que tienes…

– Gracias, atiné a decir con voz aún agitada.

Terminé de separarme de ella, me dirigí al pequeño baño, como no había ducha me di una enjuagada en el lavabo, me quité el bóxer que estaba empapado y me puse el pantalón. ¡Tocó montar a pelo el resto del día!… salí y me despedí de ella con la promesa que en la noche bailaríamos un poco pero mi intención era otra muy distinta… esta vez la bailadita sería en una habitación inventando juegos para ese clítoris y esos pezones maravillosos.

Pero eso ya es parte de otra historia que puede que cuente o puede que no…

 
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