La empatía

Después de conocer la semana pasada, qué es la negociación desde nuestra perspectiva y para qué puede servirnos, me gustaría que habláramos de la preparación de la negociación, del “antes”. Cuando queremos plantearle a nuestra pareja una situación de demanda, pedirle un cambio o cualquier otra situación que sabemos que puede derivar en un conflicto, lo mejor que podemos hacer es ir preparados.

Si tenemos previstas ciertas cosas, podremos llevar la negociación de una manera más inteligente y efectiva

 

(Aprovecho para repetir, porque aunque lo dije desde el primer día, cada semana alguien deja un comentario al respecto que la negociación y la resolución de conflictos se pueden extrapolar a muchísimos ámbitos y van, por supuesto, mucho más allá de las parejas, pero es exactamente en esto donde nos centramos en esta seccion de la web y a lo que enfoco mi trabajo.)

 

Dentro de la preparación, os voy a hablar de lo que considero que es la clave, del primer paso. Y no es otra cosa que la tan manida Empatía. Estamos acostumbrados a escuchar hablar de la empatía, una y otra vez, para todo, pero llevarla a la realidad es otra cosa.

¿Realmente nos ponemos en el lugar del otro? ¿De verdad lo hacemos con todas sus consecuencias?.

Ser empático significa mucho más que imaginarnos en la misma situación pero desde el punto de vista contrario, analizándolo desde nuestra conducta (os recomiendo ver mi segundo post: “La conducta y sus significados”) y juzgándolo bajo el prisma de cómo consideramos que la otra persona debería comportarse. Empatía significa ser capaces de sentir como el otro, de respirar como el otro. En resumen, de estar, de verdad, situados en la posición real de la otra persona. En una negociación de trabajo o de cualquier otro ámbito ajeno a la pareja, podemos contar con el inconveniente de no conocer a fondo a la persona que tenemos en frente. En cambio, a nuestra pareja (o esa persona con la que mantenemos una relación del tipo que sea) la conocemos de una manera íntima y personal (la profundidad de este conocimiento dependerá, claro está, de lo realmente íntima o duradera que sea esta relación), y tenemos que aprovechar ese conocimiento para ser más efectivos y tener una relación más sana, eficiente y feliz.

 

Así pues, y yendo a lo práctico, si por ejemplo le queremos pedir que pase más tiempo con nosotros porque nos sentimos un poco apartados últimamente y esto implica que va a tener que ver menos a sus amigas/os, antes de sentarnos y planteárselo, aprovechemos lo que conocemos de ella para intentar descifrar cómo va ella (o él) a sentir nuestra petición. Si dispone de muy poco tiempo porque trabaja mucho y ese poco lo tiene que repartir entre amigos, familia y nosotros o si por el contrario, tiene mucho tiempo y lo invierte principalmente con esa amiga que ahora mismo la necesita tanto. O si nuestros horarios son muy distintos entre sí y justo, de los dos días en los que coincidimos para vernos, uno de ellos es el único en que puede reunirse con sus amigas. De esta manera, al comprender –o al menos intentarlo- previamente a la persona a la que le vamos a plantear una demanda, estamos preparando el terreno para una negociación adecuada.

 

No es lo mismo plantear: “Quiero que pases más tiempo conmigo” que “Aunque sé que para ti es básico quedar con tus amigas los viernes porque te resulta imposible verlas otro día y sé lo importantes que son para ti, había pensado que, ya que pasamos poco tiempo juntos, quizá uno de esos viernes al mes podría ser para nosotros”.

 

Nada crea un clima más adecuado en una situación conflictiva que el hecho de que la parte demandada o “recriminada” se siente entendida y perciba que lo que se le pide no responde a una motivación egoísta, posesiva, injusta o vengativa, si no a una valoración de la otra persona de la situación de una manera adecuada y global, a un análisis racional y justo.

Si de verdad queremos conseguir más tiempo con ella, el hecho es que es muchísimo más probable que lo consigamos si planteamos nuestra demanda de una manera empática y comprensiva que si lo hacemos como una exigencia. Así pues, se trata, por una parte, de conocer mejor a la otra persona y aprovechar para mostrarnos con nuestra mejor cara (como siempre decimos, el conflicto nos sirve también para demostrar que somos comprensivos, tolerantes y dialogantes, características positivas y muy buscadas en las personas) pero también, de conseguir nuestros objetivos y por tanto, estar más a gusto con la otra persona.

 

No olvidemos esto: el practicar la empatía no es algo que hagamos únicamente por la otra persona ni nos estamos rebajando ni perdiendo rasgos alfa, es algo que hacemos por nosotros mismos, porque además de aportarnos sensaciones más positivas, nos ayuda a que nuestras peticiones sean más tenidas en cuenta y más escuchadas, y por tanto, a que sea mucho más probable que sean resueltas a nuestro favor. Tengamos esto muy claro, porque hay gente que piensa que mostrarse empático es una especie de favor que le hacemos a la otra persona, nada más lejos de la realidad

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