Beneficios del feminismo para la mujer

El feminismo se define como un movimiento social que solicita para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. La existencia del movimiento feminista tiene sentido si tenemos en cuenta que nos encontramos en una sociedad desigual, donde el orden social prima los valores masculinos frente a los femeninos, colocando a las mujeres en un papel de subordinación con respecto al hombre.

Podemos encontrar ejemplos de esta desigualdad cuando nos fijamos en que el apellido del padre siempre ha precedido al de la madre (en España, no ha sido hasta el 30 de junio de 2017 que el apellido del padre ha dejado de tener preferencia frente al de la madre), cuando observamos que los trabajos tradicionalmente asociados al género masculino suelen estar mejor remunerados que los asociados al género femenino (Del Río, Gradín y Cantó, 2008) o cuando nos damos cuenta de que en las cumbres del G-20, donde se congregan los países más poderosos, hay tan solo 4 mujeres entre las 36 personas que lo componen.

FAM02 HAMBURGO (ALEMANIA), 07/07/2017.- (i-d fila delantera) El presidente francés, Emmanuel Macron, el presidente estadounidense, Donald J. Trump, el presidente indonesio, Joko Widodo, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, el presidente sudafricano, Jacob Zouma, el presidente argentino, Mauricio Macri, la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente chino, Xi Jinping, el presidente ruso Vladimir Putin, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el presidente brasileño, Michel Temer, el presidente surcoreano, Moon Jae-in y otros participantes posan para una foto de familia durante la sesión plenaria de la cumbre de líderes de estado y gobierno del G20, en Hamburgo (Alemania) hoy, 7 de julio de 2017. EFE/Michael Klimentyev/Sputnik CRÉDITO OBLIGATORIO **POOL**

A menudo se interpreta erróneamente que la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres implica hacer de ambos algo idéntico, y que eso es imposible debido a las diferencias biológicas entre ambos. Pero lo que realmente se pretende es alcanzar la equivalencia, es decir, la valoración igualitaria de lo femenino y de lo masculino. No se pretende eliminar las diferencias, sino la discriminación que se deriva de la existencia de éstas.

En este sentido, el feminismo no puede ser considerado la antítesis del machismo, dado que no busca la discriminación del género masculino. Al contrario, persigue la igualdad de todas las personas con independencia de su género.

Hay países, como el nuestro, donde la igualdad legal se ha alcanzado y está avalada por la Constitución. Sin embargo, la igualdad legal no garantiza la igualdad real, ya que todavía existen importantes obstáculos que nos separan de ella. De hecho, la consecución de la igualdad legal ha provocado lo que denominamos como “el espejismo de la igualdad”, es decir, la apariencia de que la igualdad se ha alcanzado. Pero, como veremos a continuación, esto no es así.

espejismo

¿Qué consecuencias tiene la desigualdad sobre las mujeres?

La violencia de género: La violencia contra las mujeres cuenta con unos condicionantes socioculturales que la distinguen de la violencia entre hombres. La violencia contra las mujeres no es un problema privado, sino un problema político y social. Se trata del “símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad”.

“Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.” De este modo, nos encontramos en un país donde se produce una violación (agresión sexual con penetración) cada 8 horas, según las cifras del Ministerio del Interior.

Esta cifra es impresionante, pero adquiere un mayor impacto cuando pensamos que no se están teniendo en cuenta las agresiones sexuales sin penetración y que tan solo una de cada seis violaciones es denunciada.

Más allá, el número de denuncias por violencia de género es también elevadísimo, con 390 denuncias al día en 2016.

Existe el mito de que hay un gran porcentaje de estas denuncias que son falsas, pero los datos hablan por sí solos, la Fiscalía General del Estado reconoce que solo el 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas.

Parece que el número de hombres que practican este tipo de violencia es cada vez menor, dado que el número de víctimas mortales parece disminuir año tras año.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la Ley Integral de Violencia de género solo contempla los asesinatos perpetrados por la pareja o expareja, de manera que solo se contabiliza como víctima a las mujeres que habían mantenido una relación con el agresor. Solo recientemente, desde 2013, se computa también a los hijos e hijas que son asesinados como víctimas de la violencia de género. “Esto supone que, si en un mismo acto un hombre asesina a su pareja o expareja y a su madre, su vecina, su amiga o su cuñada que en ese momento estaban con ella, las estadísticas sólo contabilizan a la primera”. De este modo, es difícil computar el número real de víctimas por violencia machista.

Hay que tener en cuenta que no se trata de enfermos mentales, personas con falta de control de impulsos o drogadictos. Estamos hablando de hombres que sienten legitimidad a la hora de imponer su voluntad sobre las mujeres, y de utilizar la violencia para hacerlo. En la ideología que subyace a la violencia de género existe la noción de superioridad del hombre sobre la mujer y, a pesar de que solo una minoría de hombres aplican la violencia para ejercer su poder sobre el sexo opuesto, hay otros comportamientos machistas que contribuyen a mantener la filosofía de la supremacía masculina. Estos comportamientos, a menudo inconscientes e imperceptibles, se van acumulando hasta perpetuar la desigual distribución de derechos y oportunidades entre sexos.

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La responsabilización femenina de las tareas domésticas y los cuidados: Mientras que las mujeres van conquistando poco a poco el mercado laboral y otros espacios públicos, los hombres no han asumido en la misma medida sus obligaciones en el ámbito doméstico, el hogar y la familia. Y es que solo el 20% de los hombres comparten en igualdad las tareas domésticas con su pareja. Si quieres saber más sobre el reparto de los quehaceres domésticos en función del sexo, échale un vistazo a este artículo. 

Es ya costumbre ver como los cambiadores de bebés son situados en los baños femeninos, como las protagonistas en los anuncios de productos de limpieza son mujeres o como los permisos de maternidad exceden en duración a los de paternidad.

La asunción de que las tareas domésticas y los cuidados son responsabilidad de las mujeres provoca que éstas tengan que optar a empleos a tiempo parcial, reduzcan su presencia en el ámbito laboral y prescindan de su tiempo libre. Evidentemente, esto dificulta su desarrollo profesional y tiene como consecuencia la feminización de la pobreza. No es de extrañar que la brecha salarial en nuestro país sea del 23,2% en nuestro país. ¿Qué significa esto? Que la mujer cobra de media unos 6.000€ menos al año por hacer el mismo trabajo que un hombre.

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La objetualización de la mujer: La cosificación de las mujeres se lleva a cabo de diversas maneras.

La utilización de las mujeres como reclamo para la venta de productos masculinos

El desmembramiento de la mujer en publicidad: mostrar solo una parte del cuerpo de la mujer, separándola del resto de su persona y dando a entender que toda la importancia de ella reside en un miembro concreto.

La hipersexualización de la mujer: representar a las mujeres como un elemento pasivo diseñado para el placer ajeno

El empleo de mujeres “irreales”: utilizar prácticamente de manera exclusiva a modelos con cuerpos “perfectos”, con una estética poco convencional y manteniendo posturas extrañas o denigrantes.

La distorsión de los cuerpos femeninos: deformar la figura femenina para que se asemeje más a los estándares occidentales de belleza.

Éstas son solo algunas de las maneras que tiene la sociedad occidental de utilizar el cuerpo femenino con fines comerciales. Detrás de todas ellas subyace la idea de que la verdadera importancia de una mujer reside en su físico. Evidentemente, estas prácticas tienen un impacto importante sobre la manera en que las mujeres se relacionan con sus cuerpos, así como la forma en que la sociedad las percibe, y es el origen de multitud de trastornos psicológicos y desórdenes alimenticios en mujeres.  Prueba de ello es que los trastornos de la conducta alimentaria sean más frecuentes en mujeres que en hombres (Peláez-Fernández, Raich y Labrador, 2010).

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La invisibilización de las mujeres: la representación de la historia como una consecución de acciones masculinas, la omisión de los logros deportivos femeninos en los medios y la utilización del masculino genérico, son excelentes maneras de invisibilizar la importancia de las mujeres en la sociedad. Es curioso ver cómo los libros de texto que se estudian en las escuelas reproducen la noción de que las mujeres estaban cocinando mientras los hombres escribían la historia, y omiten a figuras históricas relevantes como Zenobia (reina del imperio de Palmira), Laskarina Bubulina (comandante naval griega), Artemisia I de Caria (Reina y comandante de las guerras Médicas), Lucy Stone (feminista y abolicionista estadounidense), Mary McLeod (activista de los derechos civiles), Noor Inayat Khan (espía británica durante la segunda guerra mundial) y un larguísimo etc.

Igual de fascinante es ver la desproporción existente entre la cobertura mediática conferida al futbol masculino y al femenino, la distinta cantidad de medios públicos orientados a promover cada uno de ellos o el acercamiento diferencial que hacen los medios a la hora de hablar de ellas, las deportistas.

Pero quizás, lo más impactante de todo es darse cuenta de que cuando nos referimos a un grupo de mujeres, si éstas van acompañadas por un hombre (o incluso un perro), dejamos de utilizar el pronombre “ellas” y, en su lugar, utilizamos el pronombre “ellos” para referirnos al conjunto. Es decir, estamos hablando un idioma en el que un hombre es capaz de cambiar el género con el que nos referimos a un grupo de mujeres. Esta invisibilización de la mujer contribuye a reforzar la idea de que lo masculino es más importante que lo femenino.

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El rol de sumisión asociado a las mujeres: los roles de género empujan a las mujeres a ser sentimentales, pasivas, dependientes, temerosas. Una mujer que da muestras de rebeldía, inconformismo, insubordinación, independencia, liderazgo o raciocinio es tachada de poco femenina. Esta visión de las mujeres es la materia prima con la que se construye el techo de cristal (una superficie superior invisible en la carrera de las mujeres que impide que sigan evolucionando profesionalmente) y es la causa principal de que la participación sociopolítica de las mujeres sea bastante inferior a la de los hombres. Se considera que las mujeres no pueden ocupar puestos de importancia por su supuesta incapacidad para liderar grupos, para comprender lo económico y para tomar decisiones racionales.

Sin embargo, no se está teniendo en cuenta el enriquecimiento que nuestro sistema experimentaría si algunos de los valores considerados femeninos se introdujeran en las cúpulas de poder económico y político. Vivimos en un sistema en el que todo gira en torno al dinero. Tomamos decisiones políticas pensando en la rentabilidad económica que éstas reportarán al país. Quizás el mundo sería más justo si priorizáramos el mantenimiento y el cuidado de la vida, esto es, si integráramos valores tradicionalmente femeninos en nuestra manera de proceder. De este modo, si el epicentro de las decisiones políticas dejará de tener relación con lo económico y comenzará a girar en torno a la vida, del planeta y de los seres que lo habitan, quizás comenzaríamos a preocuparnos más por garantizar a todos los seres humanos una vida digna, por evitar la extinción de las especies o por evitar la deforestación del planeta, en vez de preocuparnos tanto por salvar a los bancos.

Y es que son varias las ventajas que se han encontrado a la contratación de mujeres para puestos de liderazgo. Desde el Consorcio para la Inteligencia Emocional de Daniel Goleman se han definido cinco competencias en las que las mujeres superan a los hombres en las empresas: escucha, empatía, trabajo en equipo, resolución de conflictos y feedback. Evidentemente, estas cualidades tienen mucha relación con la educación que se da a las mujeres, mucho más centrada en lo emocional que en el caso de los hombres. Probablemente, si a ambos fueran educados de la misma manera, tanto mujeres como hombres serían equivalentes a la hora de abordar tareas racionales y de inteligencia emocional. En cualquier caso, las cualidades relacionadas con la intenligencia emocional pueden traer innumerables beneficios cuando se aplican a la gestión de sociedades y empresas:

  • La tendencia a relacionarse desde la empatía, buscando un equilibrio entre el bienestar de los componentes del equipo y la consecución de objetivos, mejora el clima de trabajo
  • La resolución de los conflictos mediante el diálogo hace más complicado que los problemas se enquisten o crezcan demasiado, dado que el abordaje temprano de conflictos trae consigo un mejor pronóstico y facilita su resolución. Es por ello que las empresas con equipos directivos con diversidad de género obtienen mejores resultados económicos y se reponen más rápidamente frente a las crisis.
  • La colaboración y el trabajo en equipo aumenta la efectividad a la hora de trabajar codo con codo.
  • La habilidad para reunir a personas y aglutinar opiniones y propuestas favorece la cohesión de los equipos al mismo tiempo que fomenta la participación, ya que las personas se sienten involucradas en los proyectos.
  • La elaboración de equipos compuestos por mujeres y hombres trae consigo una mayor diversidad de opiniones y puntos de vista, favoreciendo la creatividad y dando lugar a soluciones más originales para problemas tradicionales. Es más inteligente y más justo que, en un mundo compuesto por mujeres y hombres, las decisiones se tomen conjuntamente. De esta manera nos aseguramos que los intereses de ambos sexos estén representados.

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En definitiva, un mundo gobernado por mujeres y hombres, hombro con hombro, sería sin duda un lugar mejor.  De hecho, teniendo en cuenta todos los perjuicios y las injusticias que trae consigo el orden social actual, podríamos modificar el título del artículo, ya que todo el mundo debería ser feminista. En cualquier caso, he decidido mantener el título, dado que en futuros artículos hablaremos de manera específica sobre las consecuencias negativas que tiene el machismo para los hombres y las razones por las que todos los hombres deberían ser feministas.

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3 comentarios
  1. Leo Belmonte
    Leo Belmonte Dice:

    Sin dudas, mucho de lo que aquí se expone forma parte de nuestra cotidianeidad. Y se acepta sin más muchos estereotipos. Disiento en el uso del idioma y los pronombres. Considero que llevamos a un lugar absurdo ese tópico. Sostengo es más importante concientizar y sobre todo PONDERAR que existe un solo género: el humano al cual el atañen valores como la solidaridad, lealtad, sentido de justicia, el amor y un largo listado más. Con esto en mente, espero que algun dia terminemos con los «ismos» y nos reconozcamos como iguales más allá de ser mujer u hombre.

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