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Disonancias, una visión personal

No tenía todavía muy claro como entender eso de las disonancias a pesar de haberlo leído  un centenar de veces en el libro “Seductor Egoland”, y habérmelo explicado en su momento con mucho detenimiento mi compañera Ana. No acaba de interiorizar  aquello, pero después haberlo sentido este fin de semana en mi propio cuerpo, entendí todo lo que trataron de explicarme con detenimiento una y otra vez, os cuento:

Era sábado y andaba algo liado y centrado en mi trabajo. A eso del medio día recibo un whatsApp. Era M, una mujer que en su momento la conocí siendo clienta mía. Una mujer preciosa, alta y algo mayor que yo. M es una de esas personas de las que su compañía nunca está de más. M  había hecho sus pinitos como modelo en famosas empresas textiles y negocios fotográficos, ¡un bombón de mujer vaya!.

“Anímate y vente este finde a casa,  terrazas, coffee y un poco de sol que nos hace falta a los dos”. Sinceramente me apetecía desconectar, pero mis obligaciones y compromisos no me lo permitían. Opté por no contestar de momento a nada.

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Llegó el domingo y aún no se había presentado el último compromiso que tenía programado. Más tarde me llamaron para cancelar la cita que tenia pendiente con el cliente que esperaba. Ya con la cita cancelada, y aun de mal humor, pues no hay algo que me moleste más,  que planear cosas para cuadrar con todo, y luego te den plantón. Teniendo en cuenta que anteriormente había tenido que cancelar otros planes, para organizarme con todo lo que conlleva estos trabajos. Pero a pesar de todo ello, no podía quitarme de la cabeza la cita de M. Me apetecía ir y dar una sorpresa. Además, así aprovechaba y desconectaba un poco, ya que con M las risas eran aseguradas. Junto a la comodidad que me genera estar de invitado en su casa.

Pero había un pero en todo esto. A los dos nos separan unos doscientos kilómetros. Era domingo y después de todos estos días de trabajo acumulado, lo que mas apetecía era estar en plan relax total en casa. Además la pereza de viajar incrementaba cada hora.

Pero las ganas de dar la sorpresa a M  no dejaban de rondar por mi cabeza.  En unos de mis arrebatos, me armo de valor y empiezo a prepararme para ir a visitarla. Trataba de centrarme en la visita, y no pensar en nada más que en estar de relax con ella.

Pero aun así, sentía que era consciente de que había un diálogo interior mientras me preparaba y viajaba hacia la ciudad de M. Ya que no todos los domingos me dispongo a viajar doscientos kilómetros en el ultimo momento y a esas horas anocheciendo.

¿Dónde vas ha estas horas?..¿Eres consciente del peligro que conlleva la carretera ahora?…¿Notas la incertidumbre que te genera estar en esta ciudad no conocida?…¿Qué necesidad tienes tu?…Con lo bien que podrías estar en casa, calentito con tu estufa mientras ves tu serie favorita.

Pero a la vez me imaginaba riendo y pasándolo bien con M y eso hacía que lo sintiera compensatorio todo.

Como he dicho antes, no trataba de hacer caso omiso a ese diálogo, solo me centraba únicamente, en ir a mi destino, la de ciudad de M y dar una sorpresa. Cuando llegué y sorprendí, era tal como esperaba. Ella trataba de hacerme sentir muy cómodo en todo momento como si estuviera en mi propia casa. Pero aún así, no dejaba de sentir un estrés en mi cuerpo. Ya en la cena era tal la inquietud que sentía, que tuve que entrar al baño por un momento para echarme algo de agua en la cara y tratar de relajarme. Traté de relajarme, de controlar, y analizar  la situación. Fue ahí cuando me dí cuenta de la batalla que tenía en mi interior. ¿Qué haces a estas horas tan lejos de casa?…¿qué pasa con P esa chica con la que tanto momentos has vivido y tanto has viajado?….¿no te sientes mal estando con varias chicas?.

 Descubrí que  todo era producto de lo que tanto me explicaron, mis “disonancias”.

 “No eres mala persona, pero no está bien lo que estas haciendo”.

Efectivamente no estaba haciendo nada malo, pero aun así, me sentía mal por eso trataba boicotearme con todas esas preguntas. Cuando me autoanalicé en aquel baño, sabía que no hacia nada malo, pues no tenía ningún compromiso con ninguna de las dos chicas con las que me veo últimamente, pero aún así, no dejaba de sentirme mal y tener una batalla mental.

Así que yo mismo trate de narrarme lo que estaba ocurriendo para cambiar las disonancias en mí.

“Selu, ¿Donde está el problema?… ¿Has mentido a alguna de las dos?… ¿Has prometido algo que no vayas a cumplir?… Aun así, ¿Quién ha propuesto quedar?… Ella, ¿Entonces?. ¿Que estás haciendo malo en todo esto, si desde primer momentos has sincero con ella?

Cuando salí del baño gracias a aquella reflexión, pude relajarme y disfrutar de esa maravillosa compañía, y de las conversaciones que nos reparaba esa noche. Creo que cuando existen una disonancias la mejor vía para solucionar conflictos internos, es el autoanálisis de la situación y reflexionar sobre lo que estamos sintiendo. Narrar la situación contigo mismo, no solo captaras las disonancias, a veces inclusos creencias limitadoras que nos impiden actuar, descubriendo por que nos ocurren ciertos bloqueos.

Ya que nadie sabe nuestras propia historia, mas que nosotros mismo. Pues somos nosotros, los que a través del  autoanálisis y reflexión encontraremos nuestras propias respuestas.

SELU

7 comentarios
  1. Eurelioz90
    Eurelioz90 Dice:

    Para mi, este es uno de los mejores usuarios de esta página. Siempre consiguen como dejarme boquiabierto con cada una de sus historias y sus maneras de ver la seducción. Excelente.

    Responder

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