Seduciendo de día: Anécdota graciosa

Vuelvo con “seduciendo de día” después de que en facebook todos me hayais estado pidiendo fervientemente un nuevo articulo. Antes que nada recordaros que el 31 de Septiembre hay un “triángulo de Helio” en Barcelona y que el 7 y 8 estaré en Pamplona. Espero que os portéis bien conmigo por esas ciudades.

 

Estaba en Madrid en una tarde de Verano calurosa. Hacía poco había descubierto la zona de “La latina” y me gustó tanto que aproveche una de mis tardes libres en la capital para visitar esa zona. Estaba en la terraza de un bar muy cercana a la plaza de La latina. Era un sitio muy bonito, caro y mi zumo de tomate estaba frío y sabroso pero mi intuición sabía que me iban a cobrar dos veces lo que me apetecía pagar. En esos pensamientos estaba inmerso cuando una chica con el pelo largo y rizado se me acercó.

 

Se puso delante de mí y se me quedó mirando. Estaba con pocas ganas de ser un gran seductor. Sonreí. Ella sonrió con una sonrisa un poco forzada. La verdad, es que no entendía nada de lo que me estaba pasando. Pero le salude con un «Buenas tardes» Siempre el primer paso, sea cual sea la situación debe ser ofrecer algo positivo. Una sonrisa es suficiente y necesaria.

 

-Sé quien eres.- La situación era la siguiente. Una tía un poco mas jovencita que yo, castaña, con unos ojos gigantes y marrones se me había parado enfrente para decirme “se quien eres”. Yo me figuré que algún amigo suyo le habría contado algo sobre quien es Helio.

-Ah. Pues encantado, ¿te llamas?

La chica me puso cara de asco. Cómo lo oís. Se puso a hacer aspavientos y por fin, mas quieta que una estatua y con su bufanda rosa colgando por la espalda me dijo algo así cómo “Soy la mejor amiga de Ana, te suena ¿verdad? Y quiero que sepas que a nadie le gustas”

 

Aunque no os lo creáis soy bastante sensible para estas cosas. Intente hacer un esfuerzo por recordar quien era Ana. La única Ana de Madrid que podía estar algo enfadada conmigo era bastante mayor que yo y esta chica no tenía ninguna pinta de ser su mejor amiga. Tal vez me estaba olvidando alguna Ana de Madrid.

 

-Seguro que puedo darte una explicación. En general soy buen tío. Lo que pasa es que no se de que Ana estamos hablando.

 

Su reacción no mejoró mucho. Algo así cómo “¿Cómo puedes ser tan capullo?” e insultos parecidos. Yo gesticulo mucho hablando y recuerdo la sensación de quedarme con las manos en una posición un poco extraña mientras esta chica me insultaba y me decía cosas que no entendía muy bien. Así que decidí mirar la situación desde fuera y me imaginé a mi recibiendo insultos de una desconocida en Madrid después de un fin de semana de trabajo. Empece a reírme. Si lo que nos ofrecen esta fuera de lugar o no sabemos de qué va la cosa, ¿por que no afrontarlo con humor?

 

La situación no había cambiado, la chica se enfadaba más por momentos. Hasta que en un momento soltó algo así “Eres un mierdas Miguel” Y ahí mi carcajada fue aún más sonora. En un momento de silencio le dije que lo sentía mucho, pero que yo no era Miguel, que ni siquiera era de Madrid y que si se sentía mejor yo también odiaba a Miguel.

 

La pobre chica se puso roja, callada y se tapaba la boca. Intenté ponerselo fácil. Cuando conseguía hablar sólo repetía “perdon” en bajito y muchas veces. Mi actitud y mis frases eran de que no pasaba nada. Le invité a sentarse hasta que se le pasase el sofoco e intentaba que ella viese lo gracioso de lo que acababa de pasar. Me pedía perdón cada minuto aproximadamente. Luego me contó algo de un tal Miguel que se parecía a mí y que se ve que se había portado un poco mal con una amiga suya. Dejando a un lado la negatividad me presenté e hice que se presentase. Al final mi tarde a solas se había convertido en una anécdota divertida. Ella al rato empezó a sentirse comoda y empezó a vislumbrarse algo de mandanga.

Al día siguiente tenía que volver a Valencia y la chica no me volvía loco, no le pedí siquiera en movil por qué cuando voy a Madrid no tengo mucho tiempo; pero a veces el azar dispone quien es nuestro compañero de sobremesa.
Os dejo con Perry Farrel, uno de las grandes estrellas del grunge de L.A. que ahora ha experimentado con esto y ha salido una cosa muy chula.

 


Mi primera cita con Helio: Reggae Music

Helio, para mi Álvaro, me ha dicho que primero tengo que presentarme Soy una chica de Valencia, tengo 24 años y tengo una carrera de ciencias acabada desde hace una semana. Siempre me he considerado una chica de mente abierta, la gente piensa que soy una chica atractiva y, esto no se si es importante pero me gustaría decirlo, en general los chicos que conozco por ahí me suelen resultar muy aburridos.

 

Estaba con unas amigas en una noche de conciertos reggea en un pueblo muy cercano a Valencia. Eramos un grupo de seis amigas. Serían las doce o un poco más y ya iban por el segundo grupo. Mis amigas habían conocido a dos chicos y estaban hablando con ellos. Yo sólo disfrutaba de la música y charlaba con mis amigas, no me apetecía conocer a ningún chico y la música me gustaba.

 

Los dos chicos tenían unas pintas muy raras. Uno era mas guapo que el otro, mas masculino, con barba, moreno y parecía que a una de mis amigas le gustaba. Hablaban ellos apartados, bebiendo y bailando solos. El otro chico era más flaquito, con el pelo largo, guapete, pero no gran cosa, y parecía que llamaba la atención de todas mis amigas. Me picó la curiosidad y me acerqué.

 

Estaban en circulo y él llevaba el peso de la conversación, una conversación muy absurda por otra parte. Creo recordar que hablaban de que animal salvaje sería más difícil tener en casa. Luego la conversación fue desvariando hacia lo mucho que le gustaría tener un mono. El chico delgadito que hablaba con todas y con ninguna a la vez hacía bromas sobre como vestiría al mono y que le enseñaría a reirse de sus bromas y de que cuando tuviese novia la obligaría a llevarle a amigas para el mono. Que el mono no tenía por qué ser soltero…Pensé que era el típico graciosito y volví mis cavilaciones y a la música.

 

Recordad que para resultar atractivo a corto plazo podemos imitar roles, inventarnos un personaje, etc…pero para nuestra forma de ver la seducción lo mas importante es disfrutar del proceso, divertirnos nosotros mismos como base fundamental para resultar atractivos.

 

Un rato despues volví a cruzarme con los dos chicos. Bailaban a su rollo en medio del montón de gente. Saltaban y se despeinaban. Se miraban y se reían. El flaquito me sonrió, cogió mi mano y bailó conmigo hasta que la canción se acabó. Luego me dijo que se llamaba Álvaro. Luego me dijo que le encantaba mi tattoo, que era muy salvaje y que daba una mezcla muy original a mis pintas (de aspecto puedo parecer muy clásica, pija en lenguaje común)

 

Yo estaba con pocas ganas de chicos. Así que le solté algo un poco borde. Él sonrió y me dijo algo que tengo presente siempre desde que me lo dijo “Lo positivo siempre es positivo, da igual quien te lo diga” Me dierón ganas de disculparme, me quede un poco cortada, no sabía muy bien como reaccionar, pero en seguida él me dijo “Tranquila, ahora tu me dices algo bueno de mi y yo te pongo cara chunga y así estamos en paz”

 

La sinceridad, ofrecer algo positivo y el buen rollo siempre resultan atractivos. Ádemas yo percibí que mi segunda frase había tenido un impacto en ella y lo mejor para ambos era que yo se lo pusiera fácil. Otra cosa muy importante, la gente, tanto en seducción como en otras facetas no esta acostumbrada a la generosidad, no saben como reaccionar y muchas veces intentan buscar segundas intenciones. Nosotros, aún sabiendo que contamos con esa realidad, os recomendamos con esta revolución de actuar con generosidad, hasta que seamos tanta gente que ofrece cosas positivas (verbalmente, conductualmente, etc…) que se convierta en algo normal.

 

Después de eso me sentí mas cómoda con él. No parecía el típico ligón, estábamos hablando a gusto. Me pregunto que cosas me apasionaban. Me contó lo mucho que le apasionaba lo que hacía. Me dijo que se notaba que soy una chica exigente, que eso le gustaba de mí…Su amigo vino a recogerle porque debía irse. Me estresaba la idea no volver a verle.

Estábamos rodeados por mis amigas y su amigo. Él puso una voz como de altavoces de super mercado (porqué la verdad es que es un poco payaso) y dijo “A ver, disculpen las molestias, les agradeceríamos a todos los presentes que se girasen durante cuarenta segundos pues tengo que pedirle el telefono a esta chica que mola mogollón y encima esta buenísima

 

Todos se giraron y me besó. Fue muy divertido. Seguimos quedando de vez en cuando. Me gustaría contaros algo sobre Helio, Álvaro, aunque parezca un poco cabroncete, una vez quedas con él durante un tiempo te das cuenta de que es un chico muy dulce y que necesita lo que todos necesitamos, cariño. No se si publicará esto último…

 

Seduciendo de día / Valenbisi

A veces hay que saber sacarle partido a nuestros defectos. Yo, por ejemplo, soy la persona mas torpe que conozco. Muchos animales de compañía podrían instalar el Windows XP en un ordenador en menos tiempo que yo. Pues bien, a veces mi absoluta torpeza me sirve de ayuda.

En mi ciudad han instalado un servicio de bicicletas que se aparcan y desaparcan de una forma muy sencilla. Tienen un pitorro y las estaciones un agujero. Tan sencillo como acertar el pitorro en el agujero. Pues bien. Cómo os podeís imaginar cada vez que tengo que aparcarla para que no pase el tiempo límite y me multen necesito pedir ayuda a algún buen ciudadano que haya cerca.

Había quedado con unos amigos en el río para ver una película al aire libre, eran las 9 y algo de la noche y había encontrado una estación. Hasta ahí todo bien. Primer intento. No se oye pitidito. Segundo intento. No se oye pitidido y un grupo de ingleses que pasaba por ahí parece descojonarse de mi forma de intentarlo.

Sus risas anglosajonas hacen que me entren ganas de fumar. Me enciendo un cigarro y pienso que en seguida llegará alguien mas inteligente que yo que pueda ayudarme. Los ingleses siguen riendose mientras se alejan. Para que no me afecte demasiado pienso en el gol de Iniesta en la final del Mundial y hago un tercer intento. No consigo que suene el pitidito. De pronto, una flaquita con gafas y una colega muy bien hecha llega con su bici a la estación y en menos de lo que canta un gallo ha conseguido aparcar.

 

-Hola, perdona, me da un poco de vergüenza pedirtelo, pero no consigo meter mi bici.

Sonrió y ella se acerca. Sin mirarme, coge mi bici y la mete. Yo pienso «muy lista amiga, pero aquí no ha sonado nada»

-¿No tiene que sonar un pit..?

Pip Pip

-Ahi tienes tu pitido.

Y los dos sonreimos.

-Eres una crack. Choca.

Chocamos. Tenía un acento extranjero. Le pregunte y me contó que era francesa. Que estaba aquí de vacaciones. Llegaba el momento de justificar mi interés en ella de una forma sincera.

«Hablaba castellano mejor que muchos de mis amigos. Le dije que la gente que aprende idiomas con facilidad es porque se quiere sentir mas libre. Nos presentamos. Le dije que me gustaban mucho las chicas atractivas que no estaban pendientes de demostrar lo atractivas que son»

Yo ya me estaba enamorando un poquito. No tenía mucho sentido seguir allí parados hablando, le dije que tenía que irme. Ella me dijo que tambien. Intente hacer un silencio de esos que cuando has jugado bien hacen que ellas te digan algo sobre que les pidas el teléfono. Pero no. Nada de pedirme el telefono. Se giró y dijo que encantada.

-Oye, S, me gustaría que nos viesemos otro día.

-A mi tambien. Pero no se yo…

Sonreí. Ahora la podía entender mucho mejor. Probablemente le guste un chico mucho. O tenga novio allí en Francia. Una conversación espontanéa, por muy fresca y natural, no le había servido para olvidarse de algo importante. Me acerque otra vez hacia ella.

Te entiendo. Podemos hacer dos cosas; podemos dejar esta conversación aquí y que sea una anecdota super pequeñita por culpa de cosas que nos afectan en otros ratos del día, o podemos dar una vuelta un día y ver si la anecdota se convierte en super anecdotaza. Que a lo mejor no. Por que yo de día soy super aburrido.

Los dos sonreímos y nos intercambiamos facebooks y moviles. Seguí mi camino hacia mi cita con colegas y ella caminó en sentido contrario. Pase lo que pase, lo que si es seguro, es que me ayudo a salvarme de la multa por no aparcar bien la bici

 


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La chica que cruza (IV)

Si recordáis la historia (os invito a leer el transcurso de los sucedido en el apartado de Historias de seducción anteriores) ella había roto el diálogo e interrumpido nuestro beso por un motivo sorprendente.

-Estoy casada.

En ese momento me quedé helado. Y tras pasar unos segundos… reaccioné como suelo en situaciones de estres…

-¡Como en las películas!-dije.

Y sin poder contenerme me reí algo incrédulo y resignado.

Ella al verme, se desconcertó y sonrió sonrojada. Hasta que no pudo evitarlo y rió unos segundos conmigo.

La situación era la que era. Y había que aceptarla. Como os decimos siempre en esta casa, el humor es un forma de aceptarse, aceptar las situaciones más incómodas para convertirlas en cómodas y sin las presión de las soluciones express. Por otra parte, mi experiencia en la vida, con alumnos y sobre todo con las mujeres, me ha hecho darme cuenta de que quitarle hierro y gravedad a lo que la persona que tiene delante es infalible. Desdramatizar una situación de carencia, inferioridad o vergüenza va a facilitar que se sienta a gusto contigo.

Ella nos había jodida la fiesta por estar casada, pues la mejor demostración de que no ha hecho nada grave ni me debe nada es que compruebe que ni me ha hecho daño, ni la situación va implicar ninguna ofensa a nadie.

No podéis imaginaros como me lo agradeció sin palabras.

-Eso quiere decir que si acabamos siendo novios será mucho más densa la historia de como nos conocimos… ¿»eres consciente»?

 

Ella esta soltó una carcajada desconcertada. Ya se había solucionado la situación presente. Ahora había que solucionar la futura.

-Soy consciente. Lo siento.-dijo de nuevo bajando la mirada.

-Entiendo que lo sientas. No me parece ni el momento nio el lugar para estar casada.

Ella volvió a reir. Y yo también.

Pedimos otra ronda.

Me contó algunas diferencias entre ella y su marido sin entrar en detalles. Me habló de su momento.

Muchas veces he oído en la comunidad de seducción que escuchar cosas relacionadas con su vida con otros hombres supone «tragarse su basura» y que eso no había que consentirlo.

Es una de las cosas más peligrosas que he escuchado como norma en esto de la seducción.

DEPENDE.

Ella me estaba explicando su situación y necesitaba de mi la comprensión de un hombre y un confidente. Es la respuesta NATURAL de un seductor.

Y por supuesto, así lo hice.

Poco a poco, os iré revelando técnicas de escucha y guía que utilizamos en la psicología para que os sientan personas interesadas y empáticas con la historia de los demás.

Yo, por supuesto le conté mi situación sentimental y como me sentía en este momento de mi vida.

Ella me propuso cambiar de sitio. Y así lo hicimos.

Durante el camino le propuse pararnos en una esquina.

La apoyé contra la pared. Me acerqué en silencio milímetro a milímetro.

Ella no dijo nada. Volví a besarla y esta vez no hubo brazos en medio. Estaba asumiendo lo que estaba pasando y yo asumía mis riesgos. Me hubiera podido rechazar de nuevo.

¿Y qué?

Éramos un hombre y una mujer en un momento sensible, emocionalmente voraz, sincero e inmersos en una historia de cómplices.

Llegamos a nuestro destino excitados pero serenos. Ella sentía que conmigo no tenía nada que esconder y que yo me mostraba tal y como yo era.

Hablamos de cine, de música, de planes cada uno por su cuenta.

Y tras una hora de descubrimiento mútuo me dijo:

-Quiero intentarlo con mi marido. Lo amo.

Yo la miré en silencio. Con cierta resignación.

-Lo entiendo.

Volvimos a besarnos. Dió un trago a su vino, cogió el bolso y se levantó.

-Gracias, Luis. Ya sé lo que quiero.

Entonces se fue con una sonrisa mirando hacia abajo.

Acabé mi vino pensando en lo sucedido.

Me sentía tristemente bien.

Había ayudado a una mujer a tener claro algo: Después de probar a ser infiel o jugar con ello, iba a tomar las riendas de su relación. Amaba a un hombre con el que tenía un problema. Había probado lo que le pedía el cuerpo y el alma. VIDA y PASIÓN. Como todos, había cometido un error y se dió cuenta de que quería luchar por su relación porque yo le había hecho recordar por qué se enamoró de él.

LLamé a mi amigo Winnie. Compañero infatigable de mandanga.

-Winnie, ¿esta noche salimos?

-¿Estás «flamenco»?

-Esta noche me siento muy orgulloso del género femenino y quiero agradecérselo.

 

Seduciendo de día / Malabares en la biblioteca

La psicología me gusta tanto que en verano me toca estudiarla. Septiembre, mes protagonista de muchas canciones me espera con exámenes. Total, que os voy a contar una cosa, no tanto por el nivel de seducción que muestro, sino más que nada porque a mi me resulta graciosisíma.

 

El jueves había dormido en casa de una amiga y mis horas de sueño habían sido bastante pocas. Así que ahí estaba, en la cafetería de enfrente de la biblio acabándome mi café, pensando en lo maravillosamente que mis amigos lo estarían pasando en sus camas soñando con probablemente historias sobre piratas o aventuras en el espacio.

 

Había una chica con el pelo rubio, melena de anuncio y piel bronceadísima que estaba en la mesa de al lado subrayando apuntes. Yo me imaginaba con mi cara de sueño y me reía de que la pobre chíquita iba a tener que soportarme intentando conocerla. Era la excusa perfecta para no entrar aún a estudiar.

 

-Hola, ¿que tal? – dije sonriendo.

 

-Hola, buenos días – me contestó. Tengo suerte, pensé. Esta chica es un amor. Si me hace caso con estas pintas debe ser la persona mas educada del mundo.

 

-Verás, yo soy Helio, y este verano me lo voy a pasar encerrado en esta biblioteca. Necesito hacer amigos por aquí cerca- exageración, sentido del humor.

 

La conversación fue amena, duro unos cinco minutos, ¿qué estudias? ¿has aprobado muchas? no se qué…Nada del otro mundo. Conociendo nuestro contexto. Ella me dijo que venía todos los días de lunes a viernes y que «claro que podíamos ser amigos». D estudiaba veterinaria y tenía que aprobar no se cuantos mil creditos este septiembre para poder irse de prácticas a no sé donde. A esas horas no soy un gran receptor de información.

 

-D, ha sido un placer, mañana nos tomamos el café juntos, que se está haciendo tarde y aún no he entrado a la biblioteca.

 

Ella me hizo un comentario sobre una perdida al móvil, posiblemente para que le pidiese su número, pero sabéis que yo soy un romántico y me gusta dejar algunas cosas al azar así que me hice el sueco. Estaba claro que nos íbamos a encontrar en la biblioteca en un par de días como mucho.

 

Así que entre en la biblioteca, busque la sala de CIENCIAS y me senté en la mesa de una chica que ocupaba dos sillas con sus libros. Me senté enfrente. Una chica con el pelo corto, rizado, moreno, una espalda triangular preciosa y le dije que «muy buenos días». Ella asintió.

 

Estuve un ratito estudiando a Likert, McGregor y señores bastante mas listos que yo. De pronto me descubrí preguntándome si acertaría con el bolígrafo en la calva de un señor que había a unos veinte metros. Luego dedique un rato a preguntarme si existen los peces con problemas de sobrepeso.

 

Así que decidí darme una tregua y tirarle un poco los trallos a la chica guapísima que tenía enfrente.

Tenía libros de etología y de plantas.

 

Perdona, me he fijado en tu pelo y me parece super currado. Me gusta la gente que para estudiar se pone guapa.

 

Se me quedó mirando. Me sonrió y bajo la vista a sus libros. No me apetecía pensar mucho así que utilicé una frase de Egoh que me hizo mucha gracia.

-¿Te llamas Ana?

-No

Yo tampoco, ya tenemos algo en común encantado soy Álvaro. Recordad de que si lo que ofreces es diversión y una sonrisa la gente os recibirá por lo general con una sonrisa.

 

La cosa mejoró bastante. Se presentó. E era veterinaria, pensé que era una casualidad muy divertida. Le pasé una notita con un comentario gracioso sobre el tipo que estaba sentado dos mesas mas allá. Poco a poco justificando mi interés en ella de un modo físico. Ella me pasó una notita que ponía que no sabía que los chicos guapos también podían ser graciosos. Mi reacción a su apatía me había mostrado como un tipo atractivo. Es alucinante cómo nuestra actitud dice tanto de nosotros. Yo, como podeís imaginaros, cada vez estaba más flamenco y pasándomelo pipa. Había MANDANGA

 

¡Sorpresa! D, la chica de la cafetería llegó y nos saludó a los dos.

 

-¡Ah!, ¿que también conoces a Helio?

D, que tonta no es, vió las notitas y sonrió. Me parece que esté es un listo. Se ponía interesante mi verano en la biblioteca. Las primeras chicas con las que flamenqueo y resulta que son amigas y que recogen juntas los apuntes y se despiden de mí con una sonrisa de “te hemos pillado”

 

Pero, no sólo eso, hoy Lunes, llegó a la biblioteca un poco tarde, entro por la puerta y me encuentro con D y Y (que ya tendrían su particular conversación sobre el chico que les entró a las dos el mismo día) con nada más y nada menos que L, una chica armenia con la que estuve quedando durante un par de meses. Las saludo a las tres, se quedan extrañadísimas todas, yo el que más y nos despedimos con un “mañana nos vemos por aquí, que hoy no has madrugado

 

Me muero de la risa imaginándome la conversación de despues de salir: “¿Y tú de qué lo conoces?” Me muero de la risa del azar y sobretodo me muero de la risa de que aún tengo mes y medio para gestionar todo este lío que tengo entre manos. La vida, salvo noticia de última hora, sigue siendo maravillosa. Os dejo con una canción de un grupo de origen gitano, afincado en Nueva York que canta “Start wearing purple” Egoland seducción somos violeta también. ¿No son ya muchas coincidencias?

 

http://www.youtube.com/watch?v=sM1Ahn0Osjo


La chica que cruza (III)

 

Queridos amigos,

Me quedé a medias con una historia que había añadido protagonistas. «La chica que cruza».

Si recordáis, al ir a por ella me encontré con una animada y pizpireta chica que me aconsejaba productos de importación por mi barba y que aceptó una invitación para cenar conmigo.

Así pues, no hace muchos días ocurrió esa cita.

Yo llegué bastante flamenco. Tenía una confianza ciega en que esa chica y yo íbamos a disfrutar de nuestra cita de una forma clamorosa y que la cosa iba a acabar bien. ¿Por qué? Porque ella había demostrado ser inteligente e ingeniosa. ¿Y eso qué quiere decir? Que iba a saber valorar mi ingenio, iba a inspirarme e iba a hacerme reir. Combustible perfecto para alimentar las llamas de mi fogosidad y de mi comunicación fogosa.

Al llegar me la encontré con un vestido rojo y de falda corta. Un recogido en el pelo tipo antiguo y un maquillaje tan ligero como efectivo.

Era obvio que admiraba a Audrey Hepburn. Eso confirmaba mis sospechas.

Inteligente, refinada, culta y con un alto de concepto de sí misma. En la cama sería fogosa, abierta pero con la necesidad de tener un papel coprotagonista. Querrá tener su momento de mando.

-Hola.

-Hola. El vestido te queda de muerte.

-Gracias. Tú también estás bien.

-No mientas. Mi operación bikini está siendo más costosa de lo que yo creía. Pero te aseguro que para cuando tengas que presentarme a tus padres ya estaré delgado.

Ella rió y me dijo que a sus padres les gustan con pasta. Que lo demás les dá igual. Lo que me llevó a corroborar que estaba delante de una chica especial. No había dicho lo típico de «vas muy rápido».

Nos sentamos en una terraza y utilicé el espectador de la película para corroborar lo que se avecinaba. Entonces hice un narrador…

-Nos conocemos una noche, quedamos, vienes preciosa yo vengo precioso… ¿Te das cuenta de cómo nos lo vamos a pasar?

-¿Te das cuenta tú de que aquí no va a pasar nada esta noche?

Esa frase implicaba una afirmación clamorosa de que sí iba a pasar algo por el matiz de la TEMPORALIDAD. Ella había dicho «esta noche». Eso me hizo sonreir y relajarme más todavía. Todo era cuestión de minutos… más o menos… pero minutos. Así que quise disfrutar de lo que tenía delante.

Una de las técnicas de las que os hablaré en mi libro para que viváis de forma rabiosamente intensa es fotogafriaros mentalmente con ella en las escenas más representativas de cada momento. Ásí como grabad los audios en una grabadora invisible para que empiece a formar parte de vuestra memoria a cortoplazo y poco a poco la incorporéis a la de largo plazo. De esa forma dispondréis de un sin fin de recuerdos con ella y os permitirá APRENDER DE ELLA. Tema abordado también en este blog y de importancia vital en el libro.

-Cierto, esta noche no va a pasar nada. Pero quiero que sepas que es probable que esta noche vaya creciendo en mi unas ganas intensas de que pase algo. Todo irá en función de si eres una chica abierta, inteligente y divertida. Ya te digo yo, que físicamente me encantas.

Ella rió con cierta incredulidad. Y es que yo me encontraba tan transparente y conectado con la energía que me imaginaba envolviéndonos que la interacción me parecía coser y cantar. Aunque en mi caso, lo de coser no está tan claro…

Hablamos de nuestras vidas de una forma intensa, divertida, yo dirigía la conversación hacia donde necesitaba, hacia donde me interesaba, y apenas hacía falta cortar hilos porque realmente a ella le interesaban las mismas cosas de mi que a mi de ella. Una hora después utilicé de nuevo el espectador de la película subtitulada para comprobar que estaba pasando. Era perfectamente coherente la escena con el texto. Esto iba como lo seda.

-¡Si esta noche no es maravillosa que me aspen! Te conozco, comparto tres de tus hobbies, a los dos nos flipan los Foo Fighters, eres rápida y fluída como el agua, ese vestido te queda de miedo y encima te estoy atrayendo… ¡Que maravilla de noche!

Ella volvió a reir e intentó repetir mi frase..»te estoy atrayendo«… le impactaba mi actitud tan segura y a la vez cómica.

-¿Pero tú de donde has salido, Luis?

-No te centres en mi origen´. Céntrate en el papel que puedes tener en mi camino.

-Eres un chico distinto– me dijo…

Eso me obligó a besarla.

Entonces ella me apartó con una mano.

Por favor… – me dijo algo incómoda. Estaba claro que ella me deseaba, así que había que averiguar ese otro problema.

-¿Demasiado rápido?

-Estoy casada.

 

Mi primera cita con Helio (II): Marta

Mi primera cita con Helio fue, como mínimo rara. Era verano. Era el hermano pequeño de un amigo al que siempre he querido mucho. Nos habíamos visto un par de veces y siempre me había trasmitido buenrrollo. Era un par de años menor que yo, pero nunca actuaba cómo si lo fuese. Así que cuando me dijo que teníamos que quedar no me lo pensé. Me apetecía saber que pasaba con ese chico que siempre sonreía. (Acordaros de obviar las objeciones y seguir ofreciendo cosas que sumen)

 

Quedamos a las cinco de la tarde, hacía calor y yo le esperaba en una plaza del centro de la ciudad. Me había puesto guapa sin exagerar. El apareció con pantalones cortos y camiseta de tirantes. Se lo había currado bastante poco. Apareció riéndose, y antes de decir hola me dijo algo así cómo “Tengo una mala noticia y una buena. La mala es que tengo hora con el oftalmologo y se me había olvidado. La buena es que cuando acabemos tu serás la que decida el resto de la tarde” (Convertir que se me había olvidado en algo positivo, con sentido del humor y aceptación de la realidad, es lo que provoca un cambio de lo que ofrezco resulte atractivo o no.)

 

La verdad es que yo me quedé un poco flipando. El chiquillo que tenía en frente me estaba diciendo que el plan que ibamos a hacer era ir al oftalmologo, y se había quedado tan pancho. Así que mientras me preguntaba sobre mi verano y cosas cómo si tenía planeado que fuese el mejor verano de mi vida fuimos yendo hacía el hospital. (Como siempre, comunicación emocional, diversión y ofrecer cosas que a ti tambien te resulten divertidas)

 

Estaba siendo la cita mas rara de mi vida. Estabamos sentados tonteando en la sala de espera del oftalmologo. Creo que estabamos hablando sobre dientes o algo así cuando el doctor le llamó. Le dije que le esperaba fuera pero me hizo entrar con él. Lo que pasó dentro nunca lo olvidaré.

 

Empezó a preguntarle al doctor trucos para gustarme mas. El señor, Helio y yo empezamos a tener una conversación de amigos y no parábamos de reírnos. Se estaba montando una fiesta ahí dentro. Le hizo las pruebas y Helio no paraba de preguntarle tecnicismos con un interés casi infantil. Estaba super mono. (La diversión, las experiencias que sean nuevas, ademas de compartidas, crean una conexión que será muy dificil de romper).

 

Despues me dejó a mi elegir el siguiente plan. Nos sentamos en una terraza. Ya no era infantil. Lo veía mucho mas hombre. No se explicarlo. Estaba deseando que me besase. Él estaba mostrando interés en mi y yo estaba comoda, pero pensaba “Cabrón,¿no te gusto o que te pasa?” (El hecho de mostrar interés en ella de forma gradual y justificando el por qué me gustaba, hizo que dejase de verme como un niño a verme como un hombre)

 

Luego llegó el beso. Y nos lo pasamos muy bien. Yo seguí con mi vida y el con la suya. Lo que mas me gusta de Helio y es lo que me ha empujado a contaros nuestra cita, es que noto que su amistad es verdadera y aunque yo ahora tenga novio y ya no pueda quedar con él en ese rollo, me siento muy a gusto haciendole este favor y se que puedo contar con él para lo que sea.

 

Sinceridad, diversión y comunicación real y sin etiquetas, una vez mas, son mis consejos para que os lo paseís tan bien en las citas cómo lo hice yo en esta.

La chica que cruza (II)

Ayer entré en un local sobre las once de la noche. Iba solo.

Tenia en mente a la chica que cruza, ¿y para qué negarlo? Quería sustancia para vosotros, mis lectores. Para poneos en antecedentes os recomiendo que leais el artículo «la chica que cruza».

Ayer era jueves y no tocaba encontrarme a esa titán de las perturbaciones emocionales. Según ella no podia darme el teléfono pero me informaba de que los viernes nos podríamos ver justo donde yo entraba por la puerta.

Era la primera vez que entraba en aquel lugar.

Poca gente, cálido, agradable y decorado de forma ibicenca. Música rollito chill out pero con gracia. Una rápida mirada bastó para darme cuenta de que no estaba.

Hola– me dijo una camarera rubia con una sonrisa bastante espontánea. –¿Qué quieres tomar?

Le devolví la sonrisa. Era muy guapa pero irradiaba una alegría contagiosa muy cotizada en los tiempos que corren. Y más entre las camareras.

-¿Qué tomarías tú si fueras yo?

-¿Si fuera tú? Con esa barba tomaria cerveza Judas.

-Ja ja ja- reí sin poder evitarlo.-No me gustan las motos. Para que lo sepas.

-¿Pero te gusta la cerveza judas?

-Sí. Eres una chica con reflejos- le contesté refozarndo su conducta y premiando su actitud.

-Gracias. La chica sabía relacionarse con la gente. A mi ahora me tenia contento, intrigado, satisfecho y mirándole el culo. Me había colado la cerveza más cara y ya tenia que esforzarme por recordar a qué había ido yo allí. En el local habian dos mesas de chicas, unas cuantas parejas y tres o cuatro grupos mixtos. Ni rastro de nuetra amiga.

La cosa estaba clara: Si la chica que cruza me había recomendado que fuera los viernes alli es porque era una asidua o porque trabajaba de camarera. La rubia entonces sería su compañera. Si empezaba a mandanguear con la rubia podría quedarme sin mi primer objetivo. Pero era ella la que tendría que suministrarme información sobre la segunda.

-Disculpa. Busco a una chica morena, muy alta atractiva con cara de ser modelo de ropa parisina. Suele estar aquí los viernes.

-¿Alejandra?

-Podría ser.

-Pelo liso, por los hombros, ojos grandes y una voz muy característica.

-De momento encaja.

-Olvídate de ella. Tiene novio.

-Tiene novio. Ok. Mientras me olvido, dime, ¿trabaja aquí?.

-Sí. Trabaja aquí.

-¿Camarera?

-Copropietaria.

-Eso la hace más atractiva. ¿Y te cae bien o mal?

-Si yo soy camarera y ella es mi jefa solo me puede caer bien, ¿no?- me dijo arrugando las cejas en una clara expresión de apelar a mi inteligencia y entender su código de ironía.

-Oye, me está gustando hablar contigo. Tienes tu punto gracioso irónico… Pareces una monologuista.

-¿Eso es bueno o es malo?

-Bueno, sin duda. Además sabes perfectamente como te quedan esos pantalones. Así que todo suma.

-Gracias. Hacía teatro y la noche te espabila mucho. Tienes que aguantar a muchos pesados. Pero hasta que consigo trabajo de lo mío es lo que hay.

Estaba empezando a cualificarse. Ella quería que yo supiera que «Hacía teatro, los hombres la acosan y que tenia proyectos».

-¿Y lo tuyo es?

-Logopedia.

-¿Logopeda? ¡Mira que bien! Una vez conocí a una logopeda. Acabamos dándonos besos… -y es que por mucho que intente planificar u organizarme para ir a por la tal Alejandra, no puedo contener mis avances ante una chica guapa al que empiezo a afectar. Ella me miró con una sonrisa. y me aplicó, ella solita, «el espectador de la película subtitulada». Y es que las mujeres lo tienen integrado.

-¿Tú no has venido a por Alejandra?

-Si. ¿Pero qué tendrá que ver una cosa con la otra? Yo vengo a por Alejandra, pero me encuentro una chica como tú, logopeda, con un cuerpo explosivo, inteligente, e intuitiva, y qué pretendes que haga? ¿Que no intente ligar contigo?

-¡Ja ja ja!… ¡¡Hombres!!- Dijo coquetamente mientras se daba la vuelta para atender a otras personas de la barra.

La estaba empezando a envenenar. Ella había asumido que yo iba a ligar con ella y ella sonreía. Aplicando el espectador estaba claro. Mi actitud, directa, sincera y transparente pero exigente le gustaba. Pero lo que creo que más le gustaba es que había captado en seguida algo que ella se valoraba mucho de sí misma. Su inteligencia.

Volvió a los dos minutos a la zona donde yo me encontraba. Se había soltado el pelo. Lo tenia rubio amechado pero natural y estaba preciosa. O sea… HABÍA MANDANGA. En ese momento miró hacia la puerta y me dijo seria y con cierta expresión decepcionante.

-¡Mira! Ha llegado tu amiga Alejandra.

Al girarme vi a un chica muy atractiva y guapa. Seria y altiva. No era la chica que cruza.

-No es ella.- le dije.

-¿Ah no?– dijo muy sorprendida. Tras unos minutos en los que Alejandra charlaba con mi nueva camarera rubia, volvió a acercarse a mi.

-Hay que hacerle caso a la jefa.

Desde luego– contesté. La cosa estaba clara. Si la chica que cruza no era la jefa, esta preciosidad debía ser mía.

-Tengo un plan. Te voy a preguntar el nombre en otro sitio. Eres una chica inteligente y por tanto estoy seguro de que valiente. (le apliqué la herramienta del directo examinador A o B). O me voy y que nos hayamos conocido no ha servido para nada, o ya que somos atractivos, guapos, perspicaces y que sabemos valorar lo bueno, mañana quedamos por la tarde antes de que entres a trabajar a tomarnos algo y a comprobar lo inteligentes que somos los dos….

Ella me miró un segundo y dijo ..

-Mañana no trabajo.

-¿Eso lo convierte en una cena? pregunté… -Bueno. -Una chica inteligente. Apunta tu número y te llamo mañana. Ella apuntó su número en mi movil bajo el nombre de Raquel y me despedí con una sonrisa.

-Puedes estar seguro de que solo me has caído bien y que mañana no va a pasar nada entre tú y yo.

-No me cabe la menor duda.- le dije con una sonrisa. Al girarme susurré sin que me oyera… «lo mismo que dijo mi última logopeda».


Salí por la puerta con una sonrisa. No había encontrado a la chica que cruza, pero me había cruzado con una chica preciosa, divertida y valiente. Y es que si es inteligente, la herramienta A o B no falla. Os contaré que pasará esta noche… pero antes, aprovechando que Raquel no trabaja hoy en el local, seguiré intentando encontrarla….

Seducción en el trabajo/Hotel


 

 

Un fin de semana da para mucho. Puedes irte de acampada, puedes empezar a estudiar un idioma, puedes dar un concierto o ir al estreno de una película croata. En mi caso, me ha servido para recordar que aún hay mujeres que me estimulan y no conozco. En un mundo donde las cosas son cada vez mas predecibles y mas homogéneas, llevarte sorpresas sirve para que las sonrisas te salgan más naturales. De todo eso hablaremos otro día.

Hoy os hablaré de mi historia con R:

Sería Septiembre o Octubre del año pasado. Estaba trabajando como DJ en uno de los hoteles mas prestigiosos de Valencia. La noche no prometía mucho. Era una cena de empresarios de un sector y la gran mayoría eran matrimonios que superaban los cuarenta. Yo ponía Caetano Veloso, Marisa Monte, algo de Chill Out, mientras observaba como cenaban. Esa noche era especial, me había quitado los pendientes y recogido el pelo. Esa cena era de nivel. El tiempo pasaba y yo me enviaba sms con una amiga para ver si cuando acabase me recogía.

Serían las doce y media cuando el maitre me dijo que la cena ya se había acabado, que empezaba la barra libre y que comenzase con mi discomóvil. Los comensales empezarón a levantarse y a acercarse a la barra. Del fondo de la sala apareció una rubia, alta, fina y con una cara que inspiraba belleza y frío. Una pasada. No me podía creer que no la hubiese visto antes. Se estaba sirviendo una copa. No se cuanto tiempo pasé mirándola, pero el maitre me hacía gestos para que empezase a sonar la música: La perdí de vista, volvió al fondo de la sala.

Maitre – Hey H! A esa chica ni te acerques que te conozco. Es hija de alguien importante. Ni te acerques.

Durante un par de canciones intentaba acertar con la canción que le hiciese levantarse y venir a la sala de baile, parecía que no tenía amigos allí. No había forma. Así que busqué la canción mas larga que tuviese y puse PLAY. Salí de la cabina y comencé a andar hacia su mesa. Estaba casi vacía. Había tantas objeciones que no se me ocurría ninguna frase con la que empezar a comunicarme. Así que me dije “Helio, tu eres bueno en esto, algo te saldrá”

Llegué a su mesa. Estaba sentada con dos señoras muy mayores y muy arregladas.

Helio – Buenas noches señoras. Soy el DJ y quería preguntarles si la música esta siendo de su agrado, pueden pedirme lo que quieran

La reacción fue un unísono

Ellas:“sí, sí, chico, muy amable”.

¡Ni me habían mirado! Se me escapó una risita, desde luego, no había generado en ella el mas mínimo interés, así que tenía que jugar mi principal arma, el sentido del humor:

Helio: “Menos mal, porqué ¿saben una cosa? En realidad soy el dueño de este hotel, y es la primera vez que pincho música”

Por fín había captado su atención. Las señoras ponían cara de que no les había hecho ninguna gracia. La rubia gigante entendió que lo que yo estaba haciendo era mostrar interés en ella, cosa por otra parte, a la que está muy acostumbrada.

Helio: Les invito a que pasen por cabina y pongan cada una de ustedes la canción que mas ilusión les haga. Ahora, si me permiten vuelvo a cabina que hoy soy DJ y si deja de sonar la música, tendré que despedirme a mi mismo.

Sabía que iba a ser díficil, pero yo había jugado mis cartas. Tras una miradita del maitre seguí concentrado con mi trabajo. R no venía a cabina. Las dos señoras tampoco. R se acercó a la pista de baile cuando faltaba media hora para que se acabase la discomóvil. Bailaba con un hombre muy atractivo y muy elegante.

Decidí jugar mi última carta. Cogí el micro y me arranque:

Helio: Ahora, por favor, ¡todos juntos cantémosle Cumpleaños Feliz a la señorita del traje blanco, que hoy es su Cumple!

Empezó a sonar la versión de Parchís de Cumpleaños Feliz. Todo el mundo cantaba. Menos ella que miraba hacia la cabina. Su cara estaba roja. Estaba demostrándole interés, que estaba dispuesto a jugar y que era un tipo diferente, o al menos, que hacía cosas diferentes.

Las caras de las señoras que estaban sentada con ella eran de total incredulidad. Así que tras acabarse la canción entró en cabina.

R- Tu eres muy malo

No os podeis imaginar lo nervioso que me puse al ver a esa mujer entrar con ese vestido, con esa elegancia y con ese TODO a la cabina, que tiene los cristales tintados y desde fuera no se ve nada de lo que hay dentro, pero de dentro si que se ve lo de fuera. La cara del metre cambiaba de color, morado, rojo, blanco, amarillo…

HelioVale, soy malo, pero no te chives, por qué, no te lo vas a creer, pero no soy el dueño del hotel (Sonreí. Ella sonrió.) Vamos a ver, ¿como quieres que no haya intentado conocerte?”

R – ¿Tu sabes quien soy yo?” (y dio media vuelta, haciendo ademán de irse).

Helio – Si te vas, seguro que no lo sabré. Y no sólo eso, si no que tu también te quedarás sin saber quien es el chico que ha hecho que un montón de empresarios desconocidos te canten cumpleaños feliz.

Su actitud era evidentemente examinadora, estaba muy acostumbrada a tíos interesantes. Tenía que jugar aún más fuerte.

R – Eres listo, pero eso para mi no es suficiente

Su contestación era un rechazo. Muestra de apatía. Pero también me había premiado. Estaba especulando con mi reacción. Yo no había justificado aún mi interés y era el momento de hacerlo, y además tomar una actitud examinadora.

Helio – Y que tu estés buenísima tampoco es suficiente para mí. Por eso quiero que te quedes y elijas una canción tú. Para saber que más hay.

Todo eso lo dije con una sonrisa enorme. Esforzándome por no creale ninguna tensión.

Ella se quedó durante un par de canciones en cabina. Nos dijimos que estudiábamos, a que nos dedicábamos y que sentíamos con lo que hacíamos.

R- Helio, yo me voy a ir que he quedado para ir a MYA, cuando acabes, pasate, a lo mejor aún estaré allí.

Su invitación era muy indirecta y me daba poco valor. Se notaba que estaba pendiente de las señoras que le acompañaban en la mesa. La bronca que le caería por estar en la cabina del DJ tanto tiempo sería comparable a la que me caería a mi por parte del metre.

Helio – Mira, R, hoy no puedo ir a MYA, pero dame tu móvil y otro día nos seguimos contando cosas.

La cosa había salido muy bien y disfrute mucho en la interacción, los dos disfrutamos mucho.

Ahora comparto una amistad preciosa con R, que además se esta pensando muy mucho participar de forma activa en el blog de forma anónima.

La chica que cruza I

Yo estaba preparando mi coche para la actuación del viernes.
Miraba el maletero: Piano portátil, cables, ukelele, pies, etc.
Mi amigo apuraba un cigarro que yo ya no echaba de menos y me avisó que tenía que subir a casa a por algo…
Así que aproveché el momento de soledad para repeinarme delante de un cristal de banco. Pero entonces….
Wow!!! Pasó ella.
Una de esas “chicas especiales que le gustan a Egoh sin pasar por taquilla”… Y me quedé helado.

Noté un amasijo de nervios caníbales en el estómago y casi me pongo a temblar cuando me miró. Me miró y no me dejaba de mirar.
Yo estaba petrificado, sintiendo ese torrente de emoción que te inunda cuando hay algo tan poderoso que te bloquea hasta al punto de parar el tiempo.
Pero ella avanzaba y se iba marchar para siempre.
Entonces, en una décima segundo, me di cuenta de que yo era Egoh. Yo representaba todo lo que enseñaba, el directo examinador, a EGOH, a mí mismo a todos mis alumnos y no podía dejar pasar a esta chica sin morir con las botas puestas.

Hizo un esfuerzo notable y abrí mis brazos enseñando ligeramente la palma de mis manos.

-Oye, disculpa…- le dije temblando..- te podría decir algo más normal pero… me he quedado alelado mirándote… y…

Ella sonrió sin dejar de mirarme. Parecía como si disfrutara de su poder pero me estuviera animando a que yo lo tuviera actuando, como dice Santi en la Dramaturgia egolandiana, en su papel de la película.

-… y quiero saber quién eres, volver a verte, conocerte, casarme contigo… esas cosas jajajajaj…!


No pude evitar reírme. Además, sabía que reírme de mi mismo iba a ser percibido como algo valioso, valiente
Ella se me quedó mirando unos segundo que me pareció enterno. Y luego sonrió.

-Yo no quiero casarme. Lo siento.


Esa frase tan lógica y natural, me la tomé como si realmente me hubiera rechazado a mí. Así que estoy seguro de que me cambió la cara. Entendía perfectamente las emociones que me han trasladado muchísimos alumnos al sentirse rechazados. Pero utilizando el espectador de la película y subtitulada me di cuenta de que esa chica que a mí me parecía una diosa, estaba sonriéndome diciéndome lo único que me podía decir para jugar.
«Yo no quiero casarme».

Estaba jugando.

Al darme cuenta entendí que, como en los momentos más adversos de mi vida, solo tenía que confiar en mí. En mi historia, carisma, experiencia y apelar al Luis que devora lo que le pongan por delante cuando creé en él.

-Pues si tú no te quieres casar y yo sí, se me ocurre una cosa intermedia para tenernos a los dos contentos. Seamos novios.

-¡Ja ja ja ja!- Rió ella.

Ya la tenía. Había superado la barrera de no control y no dominio que me hacía sentirme un gusano ante ella. Estaba riéndose y la había metido en mi juego de ligar sincero, crudo, desnudo y directo. Estábamos ligando y los dos lo sabíamos.

-Pues es una solución que no tengo muy clara- me dijo ella.
-Hagamos lo siguiente, me tengo que ir, pero voy a pensar en ti lo que queda noche. Dame tu número y mañana te llamo para negociar.

Ella dudó un instante mordiéndose el labio.

-No te voy a dar el número y no me preguntes por qué. Pero casi todos los viernes suelo tomarme algo por el local “X”.
-Entiendo. Pues puedes estar segura de que el próximo viernes nos tomaremos algo juntos. Y que sepas… ¿Cómo te llamas?
-C.
-Pues que sepas C, que voy a pasar toda la semana muy ilusionado.
-Me alegro- dijo C moviendo el bolso para en ademán de irse.
– Y que sepas que tú también vas a estar ilusionada aunque no me lo digas.
-¡Ja ja ja! Tienes razón. No te lo voy a decir.
-¡Ciao!.

Mirándome en el espejo me he sonreído involutariamente.

¡Dios! ¡Qué maravilla! Todo ha vuelto a salir bien.
¿Tendría novio? ¿Si yo no hubiera tenido prisa podría haberle sacado más información, conocernos, etc?
Lo que sé es que una vez más, una de esas chicas de rostro y mirada poderosa, de esencia magnética ha vuelto a parecer en mi vida, como ha vuelto a aparecer en mi vida Ynés. La modelo de ésta foto que se ha prestado a ser mi musa. Nuestra musa. La imagen de mis artículos. Gracias Ynés. Ahora me gusto mucho más a mi mismo contigo en mi página.
¿Por qué?
¿Qué tendrán en común Ynés y la chica del próximo viernes?