opinion de un taller y curso de seducción

Taller Sedúcete… con Antoni. María: “Al salir por la puerta era una persona nueva”

 

“Tú eres tu propio enemigo. Puedes creerme o no hacerlo, pero piénsalo bien. Nosotros somos los más duros críticos que tenemos, los que nos hacemos más daño. Pensarás en estos momentos que no, que el que te hace más daño es aquel que te insulta, el que te dice que no vales para nada, el que te menosprecia,… Objetivamente las palabras son palabras: ellas no te agreden. Entonces, ¿por qué nos hacen daño? Fácil: porque dejamos que nos afecten. Si nos creemos lo que nos dicen, las palabras dejan de ser un conjunto de letras y pasan a ser un significado, un pensamiento que se arraiga y nos destruye por dentro.

 

Como buenos seres humanos que somos, muy pocos estamos a salvo de esta autoflagelación a nuestro autoestima. ¡Y no es para menos! La sociedad no para de mandarnos mensajes e imponernos normas y cánones a seguir: viste así, ten este cuerpo, debes comportarte de este modo, aquello está mal visto, etc.  Seguramente, sólo se escapan de este martirio aquellos que en psicología denominamos “trastorno de personalidad narcisista”. Quizá debamos aprender de ellos (¡en su justa medida!) y ser lo primero para nosotros y querernos por encima de todo.

 

Y es aquí, en medio de esta autolesión hacia mi persona cuando llega un proyecto, una novedad de la mano del gran Antoni Martínez: el taller “Sedúcete a ti mismo”.

¡Ostras! Vaya titulito… ja, ja, ja. Para alguien como yo, desconocedora total del mundo Egoland por aquel entonces, fue entre curioso y algo… ¿pervertido?, no sabía qué me iba a encontrar.

 

Fuera expectativas: llegó el día del taller (del que nos habían adelantado que íbamos a tratar acontecimientos importantes que hubieran influido en nuestras vidas y en nuestra forma de “autoestimarnos”). ¡Madre mía! ¡Hablarles de cosas tan íntimas y relevantes a desconocidos!

 

Comenzamos presentándonoslos unos a los otros. “Bien, bien, la cosa no va mal”, me repetía hacia mis adentros. Llegó el MOMENTO: cuenta esas experiencias tan importantes para ti (en mi caso no eran muy positivas) a esas personas que acabas de conocer. Comienzo a hablar y… ¡uy! Es ahí justo cuando me doy cuenta de algo (tengo un “insight”, otro guiño a la psicología je, je): no me cuesta hablar de mis cosas. Habíamos creado un clima tan acogedor en tan poquito tiempo entre todos los presentes, que todos esos reparos que podía tener en un principio desaparecieron. Durante la narración de mis hitos vitales veía cabezas que asentían comprensivas, al igual que mientras mis compañeros hablaban también reconocía emociones y sentimientos compartidos con ellos.

 

Y empezamos las actividades en grupo. ¡El trabajo en equipo fue algo digno de ver! Todos los miembros de cada grupo encajábamos como piezas de puzzle. ¿Cuánto tiempo hacía que nos conocíamos? ¿Hora y media? ¿Dos horas? Vaya…

 

Tras cuatro horas de taller, llegó el colofón final. Uno a uno, todos los miembros de este, nuestro taller, pasábamos a la “palestra” y éramos piropeados con lo que más les gustaba a los demás personal y físicamente de nosotros. Bueno, bueno, ¡había que sacarnos a palazos y despegarnos con espátula de esa silla! Ja, ja, ja. Estábamos encantados con tanta palabra bonita desinteresada.

 

La sensación al salir ese día por la puerta de aquella habitación era de ser una persona nueva. Una persona que merecía la pena querer, apreciar y valorar (y antes también lo éramos, pero ese enemigo que vive en nosotros no dejaba verlo). A veces hace falta que nos digan nuestras cosas buenas para creérnoslas, por desgracia. Además, que te las digan un grupo de personas ajenas a tu día a día les da un punto de “objetividad” y credibilidad que a lo mejor no terminan de alcanzar con tus seres más cercanos (“eso lo dicen porque me quieren”).

 

Sin duda, ese día empezamos a seducirnos a nosotros mismos, una seducción que debe perdurar en el tiempo y hará querernos cada día un poquito más“

María. 

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1 comentario
  1. Antoni Martinez
    Antoni Martinez Dice:

    Encantado de que salieras encantada 😉 Que bien que el taller superara tus expectativas y que supusiera un punto de inflexión en ti. ¡Un abrazo enorme!

    Responder

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