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La chica de la tienda de animales I

 

Hace exactamente una semana me encontraba paseando por mi ciudad tras despedir a un alumno de un taller personalizado. Había sido un éxito y como tras cada taller, me sentía extenuado. De pronto ví una tienda de animales que no conocía. Está bien que la gente emprenda negocios en los tiempos que corren. Me acerqué al escaparate y me quedé petrificado:

Ante mi, dos tortugas geocleone pardalis de más de un palmo cada una. Tortugas terrestres leopardo.

La gente que me conoce sabe que si hay cuatro cosas en la vida que me encantan son las chicas, el rock, las tortugas y leer filosofía. Las cuatro siguientes cosas que más me gustan podrían ser perfectamente quejarme de las chicas, quejarme del rock, quejarme de las tortugas y criticar a los filósofos. Aunque las cuatro siguientes serían criticar a los que se quejan de las chicas, a los críticos de rock, a los que se quejan de las tortugas y a esos tipos que leen a filósofos para luego criticarlos.

 

El caso es que eran preciosas. Entré ilusionado a la tienda para encontrarme con una chica delgada y castaña. De rasgos atractivos y piel lechosa. Iba con una especie de bata verde. Como si fuera una veterinaria.

Me saludó con una sonrisa amable y al preguntarme qué deseaba le dije que conocer el precio de las tortugas.

-No están en venta. Son mías.

-¡Vaya!- contesté sorprendido. Era evidente que si eran suyas me tenía que enamorar de ella. Éramos la pareja perfecta. Tortugueros, altos y guapos. Yo podría tocar el ukelele en nuestro jardín mientras ella me acariciara el pelo delante de nuestras tortugas gigantes. Viviríamos en una humilde casa de campo y seríamos felices. Criaríamos tortugas y no las pondríamos a la venta. Mi mensaje era claro. Ahora sólo tenia que adecuarlo para que no se asustara. Yo era un chico y ella una chica. ¡Los dos deberíamos querer lo mismo!

-¿Pues sabes que eres la primera chica atractiva que conozco que le gustan las tortugas?

Ella sonrió al darme las gracias antes de decirme que ella sí conocía.

-¿Por qué elegiste pardalis?- le pregunté.

-Son fáciles de criar. Se hacen grandes y a mi me gustan los animales grandes.

Yo soy un animal grande!- le dije. Ella rió y miró hacia abajo.

Era una tierna chica amante de los animales grandes y yo no dejaba de pensar en nuestro futuro jardín de tortugas grandes, perros grandes y plantas grandes.

- Me fascinan las tortugas terrestres. Pero me fascinan más las chicas a las cuales les fascinan. No tengo novia, espero que tú no tengas novio y me parece que, como amante de las tortugas y como chica deberíamos tomar un café, hablar de tortugas, de ti y de mi. ¿Qué me dices?

-¡Vaya! ¡Qué directo!

-No puedo ser más sincero.

-Yo tampoco tengo pareja.

-¡Maravilloso! De todas formas, como tú no eres tan apasionado como yo, quedaremos como amigos, nos conoceremos te compraré tortugas que sí vendas y, si nuestras pardalis se llevan bien, incluso puede que quedemos a cenar algun día. ¿Qué te parece?- le pregunté utilizando los MENSAJES BILATERALES.

-Me parece bien por una parte pero mal por otra.

-¿Qué parte te parece mal?

-Pues que eres un desconocido y no acostumbro a decir que sí a los chicos que entran por la puerta y en dos minutos me proponen cenas.

-¿Te pasa muy amenudo?-dije con cierta gracia.

-No.

-A mi tampoco. En eso nos parecemos.

-¿Pero por qué quieres quedar conmigo tan rápido? ¿Lo normal es conocerse un poco más, no te parece?

Me dí cuenta de que me había pasado de fulgurante. Había utilizado los mensajes bilaterales, le había dado motivos, pero estaba demasiado shockeada. Apelé a su empatía con una de mis herramientas preferidas:

-Ponte en mi piel: ¿Qué harías tú si fueras yo, entras a una tienda, ves a una chica atractiva, que comparte tu pasión por las tortugas y encima es prudente y no quiere quedar con desconocidos?

Ella se me quedó mirando un par de segundos.

-Pues creo que hablar más con ella porque si no puede que crea que esto es una cámara oculta.

Bueno, la cosa estaba clara. Quería tiempo.

-Está bien. Tienes razón. Entiendo que cueste de asimilar algo así.

Introduje entonces mi herramienta “Yo estuve allí”.

-Yo antes también era una persona que necesitaba más protocolos para conocer a alguien. Hasta que un día me dí cuenta de que no ganaba nada con la desconfianza. Desde entonces la gente dice que soy más espontáneo. Y desde luego me siento más libre.

-¿Tienes respuesta para todo?

-Si es para explicar lo que quiero y lo que siento sí. ¿Nos vemos hoy a las 9 en el bar de ahí enfrente y nos ponemos guapos?

-A las diez y así me da tiempo a cambiarme.

 

 

Os iré relatando como se han sucedido las citas. Es clamoroso como funciona todo lo que me escucho de decir a mis alumnos. A veces, hasta dá miedo.

siempre vuestro

Egoh

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About The Author

Director de Egolandseducción

Estudia Psicología en U.V. y Piano en Conservatorio Municipal de Valencia. Instructor más experimentado de seducción de España, Coodirector compañía de teatro Alacrà, Compositor de B.S.O. para cine y teatro. Luis Tejedor

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Comments (2)

  • MauricioB

    Buen manejo de la situación!. Buen relato!

    Responder
  • nesfas

    Menudas tres herramientas que has “invocado” en un momento Egoland.
    Tengo una pregunta ¿cuándo quedas con ellas vuelves a utilizar las mismas herramientas? y si es así ¿no tienes miedo que ellas te llamen la atención por intentar utilizar las mismas pautas para llegar a tu objetivo?

    Espero respuesta a la duda y decirte que me ha gustado mucho tu eficacia y tu frescura.

    Un saludo ^^

    Responder

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