Opinion salida con Antoni – Pepe: “Risas, miradas, enamoramientos, camaradería…”

No era el primer taller que hacía pero la mezcla de nervios e ilusión estaban ahí como si lo fuera. Recuerdo incluso cierta inquietud respecto a cómo serían los compañeros con los que compartiría las aventuras de esa noche. Sin embargo, a los cinco minutos de estar sentados, mientas Antoni nos explicaba algunos conceptos sobre las particularidades de la seducción nocturna, quedó claro que todos los asistentes compartíamos las ganas de mejorar y de ofrecer lo mejor de nosotros mismos a los demás.

Tras la breve introducción teórica, nos dirigimos con nuestros miedos y nervios a ver qué nos ofrecía la noche, que estuvo plagada de pajareo, risas, miradas, enamoramientos (breves pero intensos), camaradería, algún que otro rechazo (que incluso llegamos a disfrutar) y situaciones tan surrealistas como divertidas de las que fuimos protagonistas.

Fue una noche en la mejor compañía posible que recordaré con mucho cariño y en la que disfruté tanto relacionándome como viéndome a mí mismo acercarme a como quiero ser.

Gracias Antoni, compañeros de mandanga y chicas que se cruzaron en nuestro camino (que alguna hubo).

Opinion taller con Antoni – Alex “La base para seducir a los demás”

La verdad es que el taller de juego interno con Antoni fue algo diferente, desde el minuto uno fluyó un aura de buenrollismo y risas entre todos y se puso de manifiesto la experiencia que tiene Antoni en detectar las necesidades de cada uno.

Este taller te hace salir mucho mejor de como entras, te ayuda a recordar que eres una persona valiosa que tiene mucho que ofrecer al mundo y, mediante indicaciones claras y precisas, te va mostrando cosas que quizás siempre estuvieron ahí y te ayudaron a seducir en cualquier ámbito de la vida en un pasado pero las tenías olvidadas.

Muy recomendable también para hacer el primer taller con Egoland Seducción ya que al fin y al cabo, seducirte a ti mismo es la base para seducir a los demás…

Alex.

Opinión taller Juego Interno con Antoni – por Mic

Antes de describir lo que para mí ha sido esta experiencia, quisiera en primer lugar, dar las gracias a todo el equipo de Egoland seducción por hacernos un poquito más felices con cada artículo, en especial a Egoh y a Antoni, los cuales pude conocer en mi asistencia a Valencia al taller “Sedúcete a ti mismo” impartido por Antoni el 20 de Junio.

Para empezar, quisiera decir que este taller ha sido una gran experiencia, la cual recomendaría sin duda. Es muy diferente la manera en la que entras, de manera en la que sales de aquel lugar. Antoni promulga una relación coloquial contigo y con las personas que te acompañan allí, parece que lo conocieras de toda la vida y eso aumenta tu confianza, y la suya en ti.

Quisiera destacar su perseverancia en querer que tú mismo intentes recordar tus logros, pues en definitiva será lo que más te haga resurgir o en definitiva seducirte a ti mismo. Otro punto importante es que tampoco olvida que recuerdes tus fracasos, es decir, de dónde vienes o que todo nunca fue como esperábamos que fuese, siendo a veces no por nuestra culpa.

En definitiva, recomiendo este taller a todo aquel que esté interesado en sentir emociones especiales, conocer a personas muy gratificantes y en especial sentir naturalidad en el ambiente, más pues la honestidad es lo que más abunda aquí y por ello, mereció la pena realizar este bello viaje.

Un mandanguero abrazo a todos, en especial a Cristian, Egoh y Antoni, siempre os recordaré, esto es un hasta luego y lo sabéis, sí, me acaba de morder Julio Iglesias.

Miguel Ángel (Mic)

Bailando con el destino por Rafa

Recuerdo cuando la conocí: delataba con su presencia la fuerza de una naturaleza poderosa y decidida.
Yo rondaba los veinte años y en mi futuro se dibujaban un sinfín de aprendizajes obligados.

Pasaron los años y la veía desfilar entre días grises o no tan grises. Su ritmo hipnótico, dibujaba en mi memoria un interés creciente que acabaría por culminar en lo que ocurrió aquella noche.

Siempre he sabido que el destino es un duende juguetón y, si algo he aprendido con los años, es a ser paciente.
Pero como decía, al destino le encanta jugar conmigo y la colocó, de nuevo ante mi ojos, en aquellas clases de salsa. Es hora de superarse, fue mi único pensamiento.

El juego debía ser lento pero decidido, constante pero sutil. Y así fue. Con la paciencia como aliada, los escalones de nuestra escalera se subían despacio: uno por semana.
Hasta que llegó el día. Lo reconozco: yo sabía el final que quería y pensaba luchar por conseguirlo.

bailando con el destino

La noche era más que joven adolescente. Esperábamos a los últimos invitados con la impaciencia de un estómago subersivo. Llegó ella. No diré que estaba radiante, ni que su belleza eclipsó la luz de las farolas, porque mentiría.
La suya era una belleza humilde y cercana, dulce como un beso en la mejilla.
Pero llegó y empezaba el juego.

La cena fue genial, nos contamos nuestras historias mientras yo intentaba descubrir lo máximo sobre ella. Sólo hubo un fallo: tenía novio.

Nos dirigimos a bailar, pues ese era el plan.
Éramos siete desconocidos con ganas de conocernos.
Subió conmigo en el coche. no sabría decir si por casualidad o por devoción, pero la música que nos rodeó parecía calar en ella tanto como en mi.

La sensación inicial fue fría: la discoteca, llena de gente mayor, ofrecía un espectáculo retirado.
Me sentí como hacía años: cobarde e incapaz, un ser tímido y encerrado en sí mismo.
Bailé con A, un instante efímero pero divertido.

H buscaba mi conversación y yo la suya, pero el destino parecía jugar en contra, separándonos por cientos de razones.
Si soy sincero, en todo momento sentí que, aunque avanzaba, nuestra relación no tendría tiempo suficiente para culminarse.

J.L. propuso irse, dinamitando el poco tiempo del que parecía disponer.

Fui a buscarla e hizo su primer movimiento evidente. Me propuso quedarnos, quizá más curiosa que interesada.
Como decía, me sentía aquél cachorrillo con miedo a la sangre, por lo que no supe reaccionar correctamente.
Aún así ella decidió acompañarme con mis amigos. Era un punto a mi favor, porque esos amigos son como combustible refinado en mis venas.

Apenas compartimos una hora con ellos, dejándonos a solas, abandonados en medio de la calle y sin saber a dónde ir.
Ella no habló de casa, segundo movimiento.
Nos quedamos los dos divagando por la calle. Eso me llevaba a terreno conocido, conversación: mi artillería pesada.
Charramos sobre nada, nos contamos nuestras historias.

Conocimos a unos chavales muy majos y nos reímos juntos. Me hice con el grupo, como casi siempre que estoy a gusto. Y con ella, lo estaba.
Pensaron que eramos pareja, supongo que lo parecíamos.

Tras otros veinte minutos nos alejamos de nuestros nuevos amigos y seguimos hablando. No recuerdo de qué, sólo se que mi interés se volvía menos pasional y más personal.
Era una chica interesante, pero todo se volvía demasiado sin sentido para seguir los dos juntos sin una razón real.
La llevé a casa y no mostré ningún interés por irme. Me pidió que apagara el motor del coche, lo cual interpreté como su petición para no marcharme.

Cada vez nos conocíamos más, ella me tocaba inconscientemente.
Me llamó la atención su conclusión. No acudiría a la ultima clase de salsa. Era por mi.

El final se tiño de colores surrealistas cuando bajó del coche despidiéndose con un: “no iré a salsa porque irás tú”.
Me reí, me encantó su último movimiento a la desesperada, pero yo ya estaba convencido de respetar una relación de años.
-Hacia mucho tiempo que no llegaba a casa tan tarde.

Me miró, y se quedó esperando que me fuera dando a entender que todo había sido muy especial.
– Yo también creo que si no hubieras tenido novio todo habría sido diferente
– Vete, no quiero que pase nada de lo que pueda arrepentirme.
– No lo voy a permitir.
Me sentí orgulloso de mi mismo y entonces comprendí: nunca llegaré a ser aquél tío que siempre he odiado.

Me marché, olvidando decir la verdad:
“Llevaba años queriendo conocerte, saber quién eres y besarte. De momento, nos quedamos sin beso, de momento”

 

ESCRITO POR RAFA

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